La protesta británica había sido rechazada, el Ministerio
realizo su propia investigación de las relaciones de Davidoff
y la Armada. Enrique Ros secretario de Relaciones Exteriores,
descubrió que había un plan naval El Proyecto
Alfa que buscaba aprovechar la iniciativa de Davidoff para
instalar un destacamento militar en las Georgias del Sur.
La nueva Junta no era responsable por la primera visita de
Davidoff pero desde el comienzo estuvo atenta a sus consecuencias.
Había sido uno de los casos examinados en la reunión
del 5 de enero. Se manifestó preocupación ante
que el tema, complique las negociaciones con Gran Bretaña
y se decidió postergar nuevas visitas, hasta que hubiese
completado la ronda siguiente de conversación.
La Armada dudaba que fuese sensato continuar con el Alfa.
El vicealmirante Juan José Lombardo, comandante de Operaciones
Navales, había sido partidario del Proyecto, pero también
era uno de los pocos oficiales relacionado con los planes del
desembarco militar en Malvinas, Comprendía que el factor
sorpresa desaparecería si Gran Bretaña veía
que el ejemplo de Thule del Sur se repetía en las Georgias
del Sur. El almirante Anaya estuvo de acuerdo en que no se continuase
con la ejecución del plan.
El Ministerio de Relaciones Exteriores también deseaba
terminar el proyecto. Ros, que desconocía los planes
militares, temía que el proyecto Alfa perturbase el movimiento
de negociaciones que había comenzado. Costa Méndez,
que estaba al tanto del plan militar.
El 2 de febrero la Junta consideró el Proyecto Alfa.
Se decidió que el momento no era apropiado para ejecutarlo.
Convinieron en que en el futuro la ejecución dependería
de Costa Méndez. También se decidió que
la proyectada visita de Davidoff a las Georgias del Sur, un
asunto que podía tratarse al margen del Proyecto Alfa,
no debía realizarse por el momento, por que no se deseaba
que interfiriese con las negociaciones bilaterales que se mantendrían
a fines de febrero en Nueva York. Seria insensato alarmar a
los británicos cuando las negociaciones se encontraban
en una etapa tan delicada. Por lo tanto se mantuvo en reserva
la operación, pero no se la cancelo por completo.
En marzo la Junta recibió la propuesta de que el Bahía
Buen Suceso, que debía llevar a los hombres de Davidoff
a las Georgias del Sur, también transportase a seis hombres
de la Fuerza Aérea a una de las isla Sandwich del Sur,
con el propósito de practicar un reconocimiento, antes
de construir un faro, en una repetición de menor riesgo
del episodio de Thuel del Sur. La idea fue rechazada. El 15
de marzo el ministro de Relaciones Exteriores fue interrogado
de nuevo por el nuevo jefe del Estado Mayor Conjunto acerca
de la posibilidad de reactivar el Proyecto Alfa. Costa Méndez
formula una recomendación negativa. A juzgar por la cantidad
de veces que se consideró el asunto es probable que se
haya ejercido presión en el sentido de reactivarlo. En
febrero el Caimán, un yate de matricula panameña,
con una tripulación argentina, había ido a Leith,
y después fue escoltado hasta Grytviken. A bordo viajaba
Adrián Marchessi, un empleado bancario argentino, que
dijo al personal británico de la base de investigación
que estaba realizando algunas tareas complementarias de reconocimiento
en relación con el contrato de Davidoff, si bien más
tarde este Davidoff que era un competidor comercial. La Junta
no había autorizado el viaje, pero es posible que Davidoff
intentara reconocer mejor el terreno en una situación
en que su gobierno no estaba dispuesto a permitir que él
viajase en un transporte naval.
Los Infantes de Marina que llegaron a las Georgias del Sur
a fin de marzo habían estado en Thuel, de donde fueron
llevados por el Almirante Irizar, a las Islas Orcadas, donde
debían construir una casa. Mientras el Almirante Irizar
estaba en puerto argentino de Ushuaia, de regreso de las Islas
Georgias del Sur, y preparándose para ir a Thuel, durante
el periodo del 24 al 28 de diciembre de 1981, el HMS Endurace
entro en puerto. El capitán Barker mereció una
recepción muy fría, y se le suministro información
inexacta, pues el capitán Trombetta no deseaba decirle
que se dirigía a Thuel, donde de acuerdo a los británicos
no tenia derecha de estar.
Cuando se decidió llevar a los trabajadores de Davidoff
a las Georgias del Sur, esa actitud no fue parte del esfuerzo
por acentuar la presión sobre Gran Bretaña después
de las conversaciones de Nueva York. La oficina del almirante
Otero, a cargo del transporte y la logística, dio luz
verde al viaje sin más consultas con el Ministerio de
Relaciones Exteriores. Quizás este fue el mejor indicio
de que los hombres comprometidos con el Proyecto Alfa no habían
abandonado por completo la idea, y aun ansiaban establecer de
un modo u otro algún tipo de presencia en las Georgias
del Sur.
No se retuvo a Davidoff mientras se evaluaban las conversaciones
de Nueva York. Davidoff concurrió a la embajada británica
en Buenos Aires el 23 de febrero (cinco días después
de que Argentina rechazara la protesta por la anterior visita
de Davidoff y cuatro días antes del inicio de las conversaciones
en Nueva York) para aquietar la situación con los británicos
y se disculpo por las dificultades provocadas. Ahora deseaba
regresar a las Georgias del Sur y solicitaba instrucciones del
modo de proceder. Se envío a Londres y a Stanley el informe
acerca de la conversación, y no se recibieron objeciones.
El 9 de marzo Davidoff envió a la embajada la confirmación
formal de que cuarenta y uno de sus hombres se disponían
a embarcare en un navío de la Armada Argentina con destino
a las Georgias del Surdonde permanecerían cuatro meses.
Dos días mas tarde sus hombres partieron en el Bahía
Buen Suceso. Poco antes de la salida el abogado del Sr. Davidoff
llamó a la embajada para confirmar que el buque zarpaba;
se le recordó la necesidad de presentarse en King Edward
Point, Grytviken, para obtener la autorización de entrada

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