Relatos de
guerra Tte 1ro Mario Benjamín Menéndez.
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Patrullas de exploración
en Malvinas
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El trabajo que
presentamos a continuación, tiene por objeto hacer conocer
la experiencia vivida por un oficial de nuestra fuerza que participó
en el conflicto del Atlántico Sur, como JEFE DE UNA PATRULLA
DE EXPLORACION. Ponemos a vuestra consideración la historia
de Mario Benjamín Menéndez, que concurrió a
las ISLAS MALVINAS, como Jefe de la 2da Sección de la Compañía
"C" del Regimiento de Infantería 5. La mencionada
Unidad fue transportada a Malvinas por modo aéreo a partir
del 25 de abril de 1982. Llegado a Puerto Argentino, el Regimiento
recibió la misión de ocupar y defender Puerto Howard,
en la Isla Gran Malvina, hacia donde fue transportado, en forma
mixta (helicóptero y barco), a partir del 26 de abril de
dicho año.
El movimiento se fue demorando por diversos motivos: insuficiente
número de aeronaves, escasez de combustible y malas condiciones
meteorológicas. Apenas llegué a la Isla Gran Malvina,
hecho que tuvo lugar recién en la mañana del 30Abr82,
por las razones aludidas anteriormente, recibí la orden
de operaciones para la defensa. Luego de un rápido reconocimiento
del sector de responsabilidad y la zona más próxima
hacia el Este, procedí de inmediato a impartir mi propia
orden de operaciones, con la cual se inició la organización
de la zona de posiciones.
Fue así, que cuando los ingleses atacaron Puerto Argentino,
el 01May82, nuestra posición no podía considerarse
ni siquiera ligeramente organizada. Parte de las armas de apoyo
y la munición habían quedado en el continente, a
la espera de ser transportadas a las islas. Para complicar aún
más la situación nos había sido imposible
realizar la necesaria exploración y reconocimiento del
terreno en la zona de responsabilidad e interés del RI5,
que comprendía prácticamente todo el Norte de la
Isla GRAN MALVINA.
Teniendo en cuenta lo dicho, y ante indicios e informaciones
cada vez más frecuentes acerca de la presencia de efectivos
ingleses, a partir de esa fecha, y simultáneamente con
el perfeccionamiento de la posición, se realizó
un intenso patrullaje hacia el interior de la Isla y en la zona
más próxima.
En esta actividad participaron efectivos de Regimiento y, desde
el 18May82, tropas de Comandos destacadas desde Puerto Argentino.
Las Operaciones
La noche del 21May82, poco después del desembarco inglés
en SAN CARLOS, observé el resplandor de una bengala verde
próximo al extremo Sur de la lengua de tierra que cierra
por el Norte la rada de Puerto Yapeyú (Puerto Howard),
hecho que informé a mi Jefe de Compañía,
el Capitán Jorge Masiriz.
El 22May82, en horas del mediodía, recibí en mi
Puesto Comando, un llamado telefónico del Jefe de Compañía
quien me impartió la orden de que una patrulla compuesta
por personal de mi Sección debería explorar, con
las primeras luces del día siguiente la lengua de tierra
mencionada anteriormente, para confirmar lo observado e informado
por mí la noche anterior. Para recibir la orden de operaciones
completa, debía presentarme en su Puesto Comando, a las
1400hs.
Luego de hacer una rápida apreciación de la situación
ordené al Encargado de Sección, Sargento López,
que retirara del Puesto Abastecimiento raciones "C-F"
para 8 hombres. Pese a que apreciaba que la misión no duraría
más de 24 horas, le ordené que solicitara raciones
para dos días de combate.
Cuando llegué al Puesto Comando, el Capitán Masiriz
impartió la orden completa para la ejecución de
la patrulla, incluyendo una vez más la misión que
me adelantara telefónicamente, las características
del terreno que teníamos al frente y algunas instrucciones
de coordinación como por ejemplo:
Horarios, frecuencias e indicativos de llamada para las comunicaciones
radioeléctricas.
Señales luminosas con bengalas y su significado.
Disposición de un bote para atravesar el brazo del mar.
Hora de salida y hombre-guía para atravesar campos minados,
desconocidos por mí, al sur de la posición.
Dado el precario estado de nuestro equipamiento y dotaciones,
motivado por el carácter apresurado del cruce, la situación
posterior y el aislamiento, me hizo entrega de varios elementos
críticos: una mochila (que no estaba provista a la Infantería
de llanura), varias granadas de mano, barras de chocolate para
refuerzo de racionamiento, etc. Luego de cerciorarse de que yo
hubiera comprendido la orden cabalmente, me despidió deseándome
buena suerte.
Antes de regresar a mi Sección, aproveché la ocasión
para pasar por la casa donde se alojaba la Sección de Comandos,
y solicitar, al Tte 1ro Quintana, el préstamo de mochilas;
pero como los efectivos de la Sección salían diariamente
a hacer prolongados patrullajes, sólo me pudo facilitar
una.
A las 1600 hs aproximadamente, llegué a mi Puesto Comando.
Allí reuní a los suboficiales y les comuniqué
la misión recibida. Había resuelto integrar la patrulla
con tres suboficiales de los 5 que tenía, dejando que se
presentaran voluntariamente; todos ellos se ofrecieron por lo
que resolví dejar al Sargento López a cargo de la
Sección y al Cabo Romano, Jefe del 2do Gpo Tir.
Los suboficiales que irían conmigo tenían condiciones
que estimaba valiosas para la misión a cumplir. El J 1er
Gpo Tir, Cabo Arias, era un buen tirador y experto cazador, aún
con boleadoras improvisadas con alambre que lanzaba con gran destreza
y que podían servir, también, para atacar y reducir
silenciosamente al personal enemigo si fuera necesario; el J 3er
Gpo Tir, Cabo Contreras, era muy buen tirador y tenía gran
resistencia física; el J 4to Gpo Tir, Cabo 1ro Caro, poseía
excelentes condiciones personales, experiencia de combate adquirida
en el monte tucumano y gran iniciativa (que lo llevó a
preparar rápidamente un chaleco para transportar cargadores
y granadas de fusil).
Luego seleccioné los soldados, el radioperador y el estafeta
de mi Pelotón Comando, necesarios para la misión,
y a quienes conocía bien. A los mencionados, agregué
un soldado apuntador de FAP, que varias veces se había
ofrecido para este tipo de misiones, y un tirador más.
Los interioricé de los distintos aspectos de la orden recibida,
los organicé por parejas (un suboficial y un soldado en
cada una) estableciendo que el radioperador y un suboficial irían
conmigo y que el cabo 1ro Caro sería el 2do Jefe de Patrulla.
Por último, coordiné diversos aspectos para el
movimiento (formaciones a emplear y lugar a ocupar por las parejas,
señales convenidas, etc.) e inicié los preparativos
de detalle para el cumplimiento de la misión, a saber:
Limpieza de armamento de todo el personal que integraría
la patrulla.
Verificación y reparto de "C-F" y de las barras
de chocolate extras, para facilitar el transporte.
Control del vestuario y equipo individual (cada hombre llevaría
consigo solamente el poncho impermeable, pero nos turnaríamos
para transportar las mochilas).
Preparación de 2 mochilas conteniendo distintos elementos
que consideré útiles durante la misión: 3
pares de medias por hombre, 1 pantalón de combate por hombre,
4 pares de borceguíes, 1 camiseta de frisa por hombre,
chalecos de abrigo y tricotas, 4 bolsas de cama, 4 mantas, 2 paños
de carpa, algunas bengalas amarillas y rojas de más, 2
juegos de pilas de repuesto para la radio (se agotaban rápidamente
por el frío), pastillas de alcohol sólido, algunos
dulces, sogas, alambres y bolsas de polietileno.
Comprobación del funcionamiento del equipo de radio PRC-3620,
lo que hice personalmente.
Terminadas estas actividades y habiendo oscurecido (eran más
de las 1800 hs), dispuse que el personal racionara y pasara al
descanso reunido, eximiéndolo por esa noche de cualquier
servicio, para que estuviera, al día siguiente, en las
mejores condiciones, debido al esfuerzo que realizarían.
En cuanto a mí, no lograba dormirme. Sentía la
responsabilidad impuesta. Repasaba mi libreta comprobando si había
retirado y llevaba todos los elementos necesarios, pues una vez
iniciada la misión, no podría volver atrás,
por la pérdida de tiempo que ello significaría.
Pensaba si había tenido en cuenta todos los detalles y
si había realizado las comprobaciones y coordinaciones
correspondientes, ya que ello podía depender el éxito
de la misión y la vida de mis hombres.
Finalmente, recé una oración a la Virgen de la
Merced (tenía una estampa enviada por mi madre) pidiéndole
su ayuda. Logré dormirme alrededor de las 0300 hs de la
madrugada. Desperté sobresaltado aproximadamente a las
0700 hs, y a las 0730 hs, levanté al personal de la patrulla,
que a las 0800 hs ya estaba listo para iniciar la marcha. Pasé
revista a las 0830 hs partimos hacia el Puesto Comando del Jefe
de Compañía. Allí encontramos al guía
que nos conduciría hasta el embarcadero, a través
de un campo minado que, por desconocido, nos producía cierta
aprensión.
A las 0845 hs, antes del amanecer, ya estábamos cruzando,
en un pequeño bote a remos, el brazo de mar al Norte de
PUERTO YAPEYÚ (Howard) hacia la lengua de tierra que lo
separa por el Norte del estrecho de SAN CARLOS.
El bote, que sólo tenía capacidad para 6 u 8 personas,
iba muy cargado. Además de la patrulla, en él viajaba
el relevo del Puesto Observatorio (Sapo 3) instalado por la unidad
en la altura de dicha lengua de tierra, a fin de dirigir el fuego
de morteros o cañones s/r 105 mm con el que se trataba
de molestar a las fragatas que, por la noche, cañoneaban
nuestra posición, además de dar alerta temprana
sobre su presencia.
Ibamos apretujados y prácticamente no respirábamos;
en la mitad del cruce, el bote, quizás por la sobrecarga,
empezó a hacer agua. Nos sacamos los cascos y empezamos
a achicar el agua con ellos, pues aún faltaban más
de 300 m para la costa. Teníamos la sensación que
nos hundiríamos.
Hoy suena gracioso, pero mientras lo vivíamos no nos pareció
así; máxime cuando había quienes no sabían
nadar y no teníamos chalecos salvavidas. Para colmo de
males, apareció una foca juguetona, que golpeaba el bote
y lo movía un poco de lado, lo cual nos hacía menos
gracia. No lográbamos espantarla y no podíamos dispararle
porque eso delataría nuestra posición en la penumbra
del amanecer.
Finalmente, completamos el cruce y tocamos tierra.
Rápidamente, adelanté personal para dar seguridad
al desembarco del resto de los hombres y reconocer dos galpones
que estaban en las inmediaciones. Luego organicé la patrulla
para iniciar la marcha: una pareja al frente separada unos 100
m de mí, que iría al medio, e inmediatamente detrás,
la última pareja.
Después de marchar dos horas, logramos alcanzar la cresta
topográfica e hicimos alto mientras observábamos
hacia el estrecho de SAN CARLOS. El desplazamiento, dadas las
características del suelo, había sido difícil
y cansador, máxime cuando se trataba de una pendiente ascendente
bastante pronunciada. Continuamos la marcha hasta tomar contacto
con el Puesto Observatorio y seguimos hacia el SE, aproximadamente
1,5 km más.
Allí encontramos varias estacas y paños de señalamiento
que retiramos y cargamos, mientras hacíamos un nuevo alto.
Una vez descansados, continuamos la marcha con mayor precaución
hacia la punta S de la lengua de tierra, en la angostura que da
acceso a Puerto YAPEYÚ (Howard). Allí, revisamos
cuidadosamente las inmediaciones y luego dispuse un nuevo descanso.
Terminado éste, iniciamos el regreso. Para realizar un
reconocimiento más detallado, dividí la patrulla
enviando una pareja por la ladera Este y otra por la Oeste (más
próxima a la cresta); yo me desplacé por la cresta
militar junto con el radioperador, mientras hacía adelantar
a un suboficial.
Había tratado de comunicarme con el J Ca para dar novedades,
tal como estaba convenido, y parecía que la radio hubiese
perdido alcance. Para Colmo de males, una ráfaga de viento
muy fuerte me hizo perder el equilibrio y al pisar mal sobre una
piedra, me doblé el tobillo, lo que si bien no me impidió,
en ese momento, continuar la marcha, me produjo cada vez más
dolor y dificultades a medida que el esfuerzo continuo, las horas
y los días transcurrieron.
Al llegar de regreso al Puesto Observatorio, no logré
comunicarme por teléfono con mi Unidad, probablemente como
efecto de los cañoneos navales o bombardeos sufridos, en
los últimos días, por la unidad. Prometí
al Suboficial a cargo del puesto incluir el tema en mi informe,
le pregunté si había notado algún indicio
de actividad enemiga y luego, continuamos la marcha hacia el N,
tratando de circundar una caleta y llegar a una península
más al Este que nos permitiría observar mejor el
Estrecho de SAN CARLOS. Luego de casi una hora de marcha, observamos
flotando en el agua restos de cajas de cartón, naranjas,
etc., que supuse pertenecían a la carga del buque "ISLA
DE LOS ESTADOS", que había sido cañoneado y
hundido hacía más de dos semanas, cuando estaba
por entrar en Puerto YAPEYÚ (HOWARD) para abastecernos.
Una gran sensación de tristeza nos invadió al pensar
en los miembros de la tripulación, civiles y militares
que habían muerto ahogados casi en su totalidad.
Luego alcanzamos el fondo de la caleta descendiendo para buscar
reparo y hacer un nuevo alto. Como ya eran las 1500 hs aproximadamente,
instalé la seguridad y ordené racionar. El intenso
viento y la falta de adecuado reparo no permitió que las
pastillas de alcohol sólido alcanzaran a calentar las latas
de ración, por lo tanto tuvimos que consumir los alimentos
prácticamente fríos. De todos modos nos repusimos
recobrando algunas energías, ya que el desgaste, hasta
ese momento, había sido muy intenso.
Eran casi las 1600 hs cuando reiniciamos la marcha. Se aproximaba
una tormenta, pero yo quería seguir adelante hasta reconocer
la península al este de la caleta y observar el estrecho;
además, tenía la esperanza no de encontrar ya sobrevivientes
del buque, dado el tiempo transcurrido, sino restos del naufragio
y que hubiera algo aprovechable. Fue para ello que nos movimos
rápidamente hacia el este hasta alcanzar la parte más
elevada y luego hacia el sudeste en una formación similar
a la utilizada anteriormente. Poco después, hicimos alto
para recuperar el aliento (la subida nos había cansado
bastante).
Desde donde estábamos, pudimos observar en las aguas del
estrecho más restos del buque hundido, pero ni entre ellos
ni en la costa vimos algo que valiera la pena recuperar.
Continuamos la marcha hacia el extremo Sur de la península,
apurándonos porque la tormenta y la noche se aproximaban.
Cuando por fin llegamos, al observar hacia el Oeste, me di cuenta
de cuánto nos habíamos alejado, por lo que inicié
el regreso de inmediato. Tenía la esperanza de poder regresar
ese mismo día, pero pronto comprendí que no sería
posible, ya que de seguir la marcha, alcanzaríamos la zona
frente al Puerto YAPEYÚ (HOWARD) de noche y sin medios
para atravesar el brazo del mar. Si tratábamos de eludir
este obstáculo continuando la marcha por tierra más
al norte, corríamos serios riesgos, ya que no sólo
conocíamos el terreno, sino que además, podíamos
ser abatidos por el fuego. Pensé entonces en alcanzar el
punto donde habíamos el punto donde habíamos almorzado,
pero ya oscurecía y no veía ningún lugar
que ofreciera buen reparo; sin embargo, reconociendo los afloramientos
rocosos de la cresta, encontré un lugar bastante protegido
donde resolví hacer noche.
Establecí la seguridad perimétrica y dispuse los
turnos de guardia por mitades.

No podíamos
encender fuego, así que repartí las botellitas de bebidas
alcohólicas de las raciones "C-F" que había separado
para administrarlas personalmente, hice abrigar al personal con las camisetas
de frisa y ordené agruparse para aprovechar mejor el refugio y
el calor de los cuerpos, reuniendo a los hombres por parejas, cada uno
en su bolsa de cama y tapados con 2 mantas y 2 ponchos impermeables. Pese
a todo, el cansancio nos vencía y dormitábamos de a ratos.
Ya cerca del amanecer, mientras hacía un nuevo intento de comunicarme
por radio, oí el ruido característico de un helicóptero
que se acercaba. Ordené ocultarnos, previendo que fuera del enemigo,
y poco después, cuando pude reconocerlo, comprobé que
había obrado acertadamente.
La máquina aterrizó a unos 3 Km al norte de donde nos
encontrábamos, y observando con mi anteojo de campaña,
vi descender no menos de 10 hombres (posiblemente una patrulla de fuerzas
especiales) armados con MAG, lanzacohetes, etc. Luego el helicóptero
se elevó volando hacia nosotros, sobrevoló nuestra posición
sin vernos, y se desvió hacia el estrecho, desapareciendo.
El primer impulso fue enfrentar al enemigo, pero luego de apreciar
que no podría hacerlo exitosamente con la fuerza a mi mando,
y que la misión de mi patrulla exigía regresar a informar
lo observado lo más rápidamente posible, ordené
iniciar la marcha hacia el oeste para ponernos a cubierto del otro lado
de la altura. Luego continuamos caminando, dando seguridad hacia el
norte y retaguardia, haciendo sólo pequeños altos de marcha
para recobrar el aliento, desandando el camino realizado en la tarde
anterior hasta alcanzar nuevamente el Puesto Observatorio. El radioperador
que llevaba las últimas latas de raciones que nos quedaban, tropezó,
y la bolsa que las contenía, cayó al mar. Fue el único
hombre que no respondió, durante la patrulla, tal como se esperaba.
Tuve que actuar enérgicamente con él para lograr que siguiera
con nosotros. Luego de esto, salvo el episodio de la pérdida
de las raciones, se repuso y se comportó satisfactoriamente hasta
el final de la campaña.
A esta altura de los acontecimientos, ya no intentaba comunicarme por
radio, no sólo por no haberlo logrado hasta ese momento, sino
que pensaba que mi comunicación, ahora, podía ser captada
por el enemigo y atraerlo hacia nosotros. Por otro lado la línea
telefónica de Sapo 3 seguía muda.
Descendimos, entonces, hacia el lugar donde habíamos desembarcado
la mañana anterior, pero el bote no estaba; se lo había
llevado el personal de relevo del Puesto Observatorio y no volvería
hasta el día siguiente.
Eran casi las 1800 hs, así que resolví pasar la noche
en los galpones que estaban en las inmediaciones. Mientras reconocíamos
los alrededores, tuvimos la suerte de encontrar varios pollos y huevos
que, gracias a la habilidad de cazador del Cabo Contreras, solucionaron
nuestro problema de racionamiento. Para cocinar hicimos fuego pero el
resplandor era notorio desde el exterior, pese a que intentamos tapar
las ventanas con paños de carpa, mantas y ponchos impermeables,
tuvimos que apagarlo e intentamos terminar la cocción con las
brasas que quedaban, y comimos, finalmente, la carne semi cruda y salada
con agua de mar. Sin embargo teníamos tanto hambre, que nos pareció
riquísima.
Luego nos preparamos para descansar. El galpón no brindaba mucho
reparo y el viento era muy fuerte. Ninguna prenda del equipo parecía
suficiente. Buscamos, entonces, algo más con qué abrigarnos
y alguien encontró, medio a tientas porque no queríamos
encender luces, unos cueros de oveja. Nos tapamos con ellos pero al
poco tiempo empezamos a sentir picazón en todo el cuerpo y comprobamos
que estaban llenos de pulgas. Tuvimos que tirar los cueros y pasarnos
un largo rato localizando y eliminando las pulgas a medida que sentíamos
que nos picaban. Tarea, ésta, en la que debimos ayudarnos mutuamente.
Ordené a quienes estaban de guardia cedieran sus camperas de
abrigo a los que trataban de descansar lo más juntos posible,
mientras los primeros se movían y friccionaban para resistir
la bajísima temperatura. Esto los mantenía despiertos
y atentos. De todos modos, acorté los tiempos de relevo a una
hora. Por fin, se hicieron las 0830 hs y empezó a aclarar, lo
que nos daba mayor seguridad. Al rato, vimos llegar al personal de relevo
del Puesto Observatorio, quien nos dijo que el bote estaba bastante
deteriorado y que hacía cada vez más agua. Como el mar
estaba muy picado era muy peligroso su uso. Fue una lástima,
porque habíamos encontrado un motor fuera de borda en uno de
los galpones y yo me había hecho ilusiones de usarlo para llegar
rápidamente de regreso.
Resolví no esperar más e iniciar cuanto antes la marcha
de regreso, pese a que nos sentíamos cansados por la intensa
actividad de los dos días anteriores y las dificultades que presentaba
el terreno para la marcha.
A las 0920 hs nos pusimos en marcha siguiendo la costa de la caleta
hacia el norte. Previamente, cargué, en una de las mochilas,
una lata que habíamos encontrado conteniendo casi 10 litros de
aceite quemado, que nos vendría muy bien para proteger el armamento,
dada la escasez de lubrilina que padecíamos.
La patrulla avanzó formada en cadena, con un Suboficial adelantado.
Después de dos horas de marcha, ordené un alto, pues el
ancho del curso de agua se había reducido considerablemente y
quería hacer un intento de vadearlo para acelerar el regreso.
Ante la falta de un medio más adecuado, tiramos piedras al agua
para medir aproximadamente su profundidad. Este método dio buen
resultado. Cuando me pareció que una zona era favorable para
el vadeo, dispuse la seguridad. Al principio parecía fácil,
pero al llegar al centro me hundí hasta el cuello.
Sentía mucho el frío del agua. Por suerte, luego de dar
3 ó 4 pasos con gran precaución, noté que empezaba
a salir, y finalmente pude completar con éxito el vadeo.
Mientras el suboficial del lado este y yo dábamos la seguridad,
hice cruzar al resto de la patrulla. Lo hicieron de a uno por vez y
por el mismo lugar que yo; el último en vadear el río,
fue el Suboficial de seguridad. Ya no me importaba mojar un poco las
mochilas, pero no quería correr el riesgo de que, por su peso,
desequilibrara a uno de los hombres, y que al perder pie, se ahogara.
Con la patrulla al otro lado del curso de agua, me sentí mucho
más tranquilo; ya estaba apenas a 2 ó 3 Km de la posición
de la compañía. Había salido el sol y quería
llegar cuanto antes.
Para evitar confusiones con nuestras tropas, nos desplazamos por una
hondonada hasta alcanzar un camino que se dirigía desde el noroeste
hacia el frente de mi sección. Al alcanzar el mismo, formé
la patrulla en una columna y traté de avanzar por un lugar que
permitiera, a la gente de nuestra compañía, reconocernos
fácilmente.
Al alcanzar un punto aproximadamente a los 1.500 m de la posición,
los hombres más adelantados empezaron a gritar y a darnos la
bienvenida. Nos sentíamos muy bien pese al cansancio, a la falta
de descanso, al frío, al magro racionamiento. Era como volver
a casa, junto a los amigos.
Ellos nos demostraban, también, su afecto porque nuestra demora
y la falta de contacto los había preocupado mucho.
Eran aproximadamente las 1430 hs cuando me reuní con mi Encargado
de Sección, Sargento LOPEZ, que todos los días nos había
aguardado con comida. Enseguida me comuniqué por teléfono
con el Capitán Masiriz, que se adelantó hasta mi Puesto
Comando acompañado por un médico, quien revisó
mi tobillo y diagnosticó el esguince agravado con la larga marcha.
Más tarde, a las 1600 hs, el Jefe de Regimiento se adelantó
hasta donde yo estaba (porque mi tobillo exigía reposo) dándome
una calurosa bienvenida.
Verbalmente, le hice un informe detallado sobre el cumplimiento de
la misión impuesta.
Al día siguiente, salió una patrulla de la Compañía
de Comandos 601 para tratar de encontrar a la patrulla enemiga. Esa
búsqueda tuvo resultado positivo días después,
cuando se detectó un Puesto Observatorio inglés, siendo
muerto el Capitán HAMILTON, del SAS (Servicio Aéreo Especial)
y capturado un Sargento.
Conclusiones y experiencias
1. La misión impuesta a la patrulla encuadra perfectamente en
lo prescripto por el RE 25-51 Cap IX, Sec 1, Patrullas de Exploración,
Nro 9001, Misión, 1) Información sobre el enemigo.
En este caso particular, los elementos hallados y la observación
realizada, permitieron determinar:
a. Que no había enemigo en la lengua de tierra que cerraba la
rada de puerto YAPEYU (HOWARD), por el norte, pero que había
estado allí, probablemente, para dirigir el fuego de los barcos
enemigos.
b. Que el enemigo había desembarcado una patrulla (fuertemente
armada) en la mañana del 24 de mayo, la cual probablemente estaba
todavía próxima a la posición del RI 5.
Fue necesario aplicar la iniciativa reflexiva, responsablemente, para
el mejor cumplimiento de la misión, prolongando la duración
de la patrulla y la extensión del área explorada para
tratar de confirmar o no los indicios de la presencia del enemigo. El
rápido regreso a informar luego de observar el descenso del enemigo,
está de acuerdo con lo dispuesto en el Nro 9003 2) a) b., y permitió
su explotación posterior por parte de fuerzas especiales propias.
Suplementariamente, se proporcionó información sobre
la posibilidad de vadeo al norte de Puerto YAPEYU y la situación
de incomunicación en que permanecía el Puesto Observatorio
(Sapo 3).
2. Los efectivos, la organización y el equipo de la patrulla
estuvieron, en general, de acuerdo con lo dispuesto en el Nro 9002 del
RE 25-51, aunque cabe aclarar que:
a. La organización de los escalones de exploración y
seguridad, el dispositivo y las formaciones empleadas, fueron variando
de acuerdo a la situación. El arbitrio de formar parejas de suboficiales
y soldados dio muy buen resultado.
b. El personal se seleccionó teniendo en cuenta sus características
y aptitudes. La realidad probó que la elección había
sido acertada, salvo el momentáneo problema creado por el radioperador,
solucionado mediante el ejercicio de un mando enérgico y firme.
c. El armamento y equipo fueron previstos según las características
de la misión, tiempo de duración, probable enemigo a encontrar
y enfrentar eventualmente, terreno y condiciones meteorológicas.
Las mochilas fueron de gran utilidad. Lo mismo ocurrió con el
alambre (utilizado para cazar), las sogas (empleadas en el vadeo del
curso de agua para el cruce de las mochilas), el chocolate y los dulces
(para compensar el gran consumo de calorías, producto de la rápida
y desgastante marcha), etc.
Acertadas fueron las previsiones que nos hicieron llevar ropa de abrigo
(camisetas de frisa) y de cambio (pares de medias).
Igualmente acertada fue la previsión de llevar raciones para
48 horas de combate. No se previó llevar sal, omisión
que notamos al cazar los pollos que reemplazaron los víveres
extraviados.
Los borceguíes constituyeron un problema en el terreno y especialmente
en el vadeo de cursos de agua, pues resultaron muy pesados y difíciles
de secar, afectando el resultado de los pies por el intenso frío.
Hubiesen sido muy útiles los borceguíes del tipo empleado
en el monte, pues se escurren y secan más rápidamente.
El casco nos resultó muy pesado, provocándonos, después
de cierto tiempo, dolor en el cuello. Además, dificultaba la
audición, y, según la posición del cuerpo, la observación.
Para este tipo de misiones sería mejor, el uso exclusivo de pasamontañas,
aún a riesgo de perder la protección que brinda el casco.
La PRC 3620 fue un peso inútil. Las condiciones meteorológicas
de MALVINAS afectaron seriamente su funcionamiento y limitaron mucho
su alcance.
Luego de esta experiencia, se emplearon equipos TRC-300 THOMPSON, mejorando
así las comunicaciones sustancialmente.
De noche, se hicieron imprescindibles los visores nocturnos.
3. El movimiento de la patrulla se hizo siempre aprovechando al máximo
las características del terreno y tratando de evitar ser vistos
por el enemigo, según lo establecido en el Nro 9003 3, Inc 1).
En especial, el desplazamiento se realizó a lo largo de las
alturas, utilizando como cubiertas los afloramientos rocosos que normalmente
las coronan y que el primer día, también brindaron protección
para el descanso nocturno. Esto nos demoró un poco porque la
marcha entre las piedras a veces resultaba dificultosa, pero también
nos permitía asegurarnos que no quedaba enemigo oculto en ningún
hueco y nos brindaba mayor seguridad durante los movimientos.
Cuando no fue posible desplazarse a cubierto, y durante los altos de
marcha o los descansos nocturnos, se adoptaron las medidas adecuadas
previniendo un eventual choque con el enemigo.
4. Otros aspectos que merecen destacarse son:
a. Importancia del estado físico y del entrenamiento para realizar
largas marchas a pie, pese al desarrollo cada vez más importante
de los conceptos de mecanización y aeromovilidad.
La infantería no sólo debe, todavía, combatir a
pie, sino muchas veces desplegarse, explorar, etc., apelando al medio
de traslación más antiguo usado por el hombre: sus piernas.
b. Importancia del estado de ánimo de los hombres, de la acción
de mando y del ejemplo personal, que permiten realizar grandes esfuerzos
y superar contingencias desfavorables en procura del cumplimiento de
la misión impuesta.
c. En la ejecución de la patrulla, se comprueba cúal
es la medida exacta de la capacidad, responsabilidad, iniciativa y acción
de mando del Jefe que está a cargo.
Personalmente, al operar en forma independiente, sentí intensamente
la responsabilidad ante la misión asignada, así como por
la vida de todos y cada uno de mis hombres. La tensión fue grande,
los sentidos se aguzaron. La iniciativa tuvo un sentido especial y la
satisfacción de haber regresado con información explotable
y toda mi patrulla a salvo pese a las dificultades vividas, me hizo
sentir muy bien, pese al cansancio y al dolor de tobillo.
Proposiciones
1. Incrementar la instrucción de patrullas, por lo que representan
para los cuadros participantes. Creo que es una escuela de mando y acción
irremplazable y muy indicada para un momento en el que la falta de personal
y medios restringe otro tipo de actividades.
2. Incrementar el entrenamiento en marchas a pie.
3. Dotar a las unidades de adecuados equipos de comunicaciones, y,
por lo menos, 1 visor nocturno por sección.
4. Proveer mochilas a las unidades de infantería. Realizar con
ellas los ejercicios de patrullas y marchas, mencionados anteriormente
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