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Gente y la Guerra de Malvinas

Gente y la Guerra de Malvinas

Por María Laura Marchetti

Licenciada en Comunicación Social

Fragmento de Tesina para la Licenciatura en Comunicación Social

Universidad Nacional de Rosario

El 2 de abril de 1982, los diarios y revistas nacionales anunciaban el desembarco de tropas argentinas en Malvinas, mientras el general Mario Benjamín Menéndez asumía como gobernador militar de las islas. A partir de allí se iniciaron las negociaciones entre Argentina y Gran Bretaña, negociaciones que fueron a desembocar en una guerra que no había sido prevista por los militares argentinos.

Desde ese 2 de abril, la mayoría de los argentinos fue atacado por el síndrome de malvinización, que en parte fue responsabilidad delos medios. Al respecto, Lucrecia Escudero, dice que la casi totalidad de la información de los periódicos se encontraba en relación directa con el conflicto, y agrega que “como efecto inmediato se tiene la diseminación del conflicto a través de la totalidad del universo informativo presentado por los diarios, de modo que el lector se encuentra prácticamente “prisionero” del discurso de la guerra”.1

Lo mismo sucedía con los semanarios de actualidad general, que pasaron a “transformarse en verdaderos dispositivos de puesta en escena y de focalización gráfica de la guerra”2. Lo que estas revistas ofrecían al lector eran las imágenes de la guerra, imágenes que la información de ese momento manifestaba escasa.

Para el lector, la foto escenifica el hecho y certifica su veracidad, es una prueba de la verdad / realidad del hecho. La fotografía es “el testimonio de que lo que veo ha sido”3. ¿Pero hasta qué punto? No se puede “negar en la fotografía que la cosa haya estado allí”, pero tampoco se puede negar que la fotografía sólo captura una pequeña porción de realidad. “La fotografía no es la realidad sino uno de los innumerables modos, todos convencionales, de representarla. La realidad es algo mucho más complejo que aquello que la fotografía nos puede comunicar”.4

En este sentido analizaremos el universo fotográfico construido por la revista “Gente y la Actualidad” durante el período abril–junio de 1982, momento en que se produjo el conflicto bélico argentino-británico por Malvinas e islas del Atlántico Sur. 1

El objetivo de este trabajo ha sido en primer lugar identificar, a partir de las imágenes fotográficas, el modo en que la revista “Gente y la Actualidad” construye un Otro, enemigo, frente a un Nosotros, durante el período abril-junio de 1982. Al mismo tiempo, identificar también aquellos elementos que le confieren a las fotografías publicadas por el semanario “Gente y la Actualidad” su estatuto de carácter documental. Así como el modo de operar del poder de la fotografía en relación a su referente, teniendo en cuenta que la guerra de Malvinas se produjo bajo un gobierno militar.

Como marco teórico se ha partido del concepto de fotografía como documental planteada por Margarita Ledo, y de los conceptos de icono, símbolo e índice desarrollados por Charles Sanders Peirce y a partir de la lectura que de esta concepción realiza Philip Dubois en torno a la forma de producir significación de la imagen fotográfica.

En “Documentalismo fotográfico”, Ledo dice respecto a la fotografía documental que “...cuando la foto sea foto documental, nos está indicando, siempre, que parte de un referente real, de un material que no modificó en aquello que lo define, (no confundir con que no organizó, resituó el espacio, observó sus constantes y las fijó) en aquello que nos lo hace reconocible y singular). Nos está indicando, por lo tanto, un modo de relación con ese referente que asumimos como autenticidad, como inmersión en la vida -para recuperar las frases de los pioneros-, como capacidad del fotógrafo para relatarnos el mundo y hacer desear el mundo. Capacidad para relatar, y para recuperar el relato, según modelos más o menos convencionalizados, y que en el caso de la foto documental tratarán de asegurar el efecto-verdad. Son técnicas y estilos expresivos elaborados por el realismo a partir de la semejanza con lo natural y mediante la creación de arquetipos y de repertorios, de recursos, fáciles de identificar”.5

Philippe Dubois, en “De la verosimilitud al índex”, expone aquellas teorías que han permitido identificar, a grandes rasgos, tres posiciones epistemológicas en cuanto a la cuestión del realismo y del valor documental de la imagen fotográfica. La primera de estas posiciones ve en la foto una reproducción mimética de la realidad. Las nociones de semejanza y de realidad, de verdad y de autenticidad se recubren y se superponen exactamente según esta perspectiva: la foto es concebida como espejo del mundo, es un ícono en el sentido de Peirce. La segunda actitud consiste en analizar a la imagen fotográfica como una interpretación-transformación de lo real, como una creación arbitraria, cultural, ideológica y perceptualmente codificada. La foto es aquí un conjunto de códigos, un símbolo. Por último, la tercera manera de abordar la cuestión del realismo fotográfico señala un cierto retorno hacia el referente, pero desembarazado ya de la obsesión del ilusionismo mimético. Esta posición concibe a la imagen como inseparable de su experiencia referencial, del acto que la funda. Su realidad primera no confirma otra cosa que una afirmación de existencia. La foto es ante todo índex.

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El estilo de “Gente”

La revista “Gente”, de la editorial Atlántida fundada por Constancio Vigil en 1918, surgió el 29 de julio de 1965. Desde sus comienzos, la revista definió su línea editorial como “occidental, capitalista y cristiana”.

La edición Nro. I del semanario “Gente” mostraba en su tapa un “Cacho” Fontana en su mejor momento de fama. Esa revista de 48 páginas (siete de ellas a color, ocho avisos de página completa) tuvo una tirada de 120.000 ejemplares y vendió casi 70.000. “En un país revistero por naturaleza no existía la revista semanal tipo París Match, Life u Oggi que circulaba por el mundo”, explicaba el editorial sin firma del Nro. 1000, casi 20 años después, en una edición que ofrecía, como una prueba del paso del tiempo, 220 páginas, 184 de ellas a color, 68 páginas de anuncios y una tirada de 245.000 ejemplares.

- El estilo de “Gente” puede resumirse en cuatro ítems:

???? Textos escritos en primera persona, lo que posibilita que el cronista reseñara sus sensaciones personales.

???? Mezcla casi insolente de temas muy serios con muestras de fuerte frivolidad.

???? Notas con grandes fotografías, donde las tomas forman parte de un nuevo espectáculo, que incluso compiten con la TV.

???? Profusión de enviados especiales que cubren, “con ojos argentinos”, los hechos periodísticos en otros países.

El 28 de junio de 1966, un año después del surgimiento de “Gente”, los militares derrocaron al presidente Arturo Illia. La revista, que aún utilizaba en sus tapas el mismo papel que en sus páginas, cubrió por primera vez un golpe de Estado. En la edición del 7 de julio, tras la asunción de Juan Carlos Onganía, la nota central firmada por Raúl Urtizberez trazaba un perfil del dictador: - “El nuevo presidente es escrupulosamente honesto, detallista, obsesionado por la justicia”. Una definición un tanto particular para alguien que acababa de violar la Constitución Nacional.

En 1968, Editorial Atlántida decidió mejorar la revista “Gente”. A partir de ese año, mujeres hermosas y exuberantes comenzaron a ocupar las portadas del semanario, convirtiéndolo en un éxito. En menos de un año se duplicaron las ventas y dos años más tarde alcanzó un promedio de 250 mil ejemplares vendidos por semana. Por ese entonces, el país entraba en una etapa de profundos cambios. Con el regreso del peronismo al protagonismo político, “Gente” comenzó a tratar con simpatía a quienes, sin duda, serían los nuevos gobernantes a partir de 1973. Algunas de sus notas estaban dedicadas a explicar el pensamiento de Juan Domingo Perón y a cubrir toda noticia ligada con el líder justicialista.

Tres años después, el semanario apoyaba abiertamente el golpe de Estado encabezado por Jorge Rafael Videla. Desde el día inicial a la larga dictadura militar, los editores y directores de diarios y revistas fueron informados por el nuevo régimen acerca de qué era lo que se esperaba de ellos en la nueva etapa. Durante un lapso que algunos recuerdan como de no más de cuarenta y ocho horas y otros 3

como de dos semanas, los responsables de publicaciones escritas debían acercar cada página a una oficina ubicada en la casa de gobierno para que el personal de inteligencia, según algunos, u oficiales de la marina, según otros, autorizaran las publicaciones.

El comunicado 19 de la Junta Militar era muy claro: “Será reprimido con reclusión de hasta diez años el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propague comunicados o imágenes con el propósito de perturbar la actividad de las Fuerzas Armadas, de seguridad o policiales”. En su primera edición de abril de 1876, “Gente” lamentaba su “complacencia con el régimen peronista”, en un editorial titulado: “Gente se equivocó”.

En el período que se extiende entre la toma del poder por parte de los militares hasta su caída en 1982, la revista tuvo dos picos de venta históricos: durante el Mundial de 1978 y la Guerra de Malvinas. En esas semanas llegó a vender entre 600 y 700 mil ejemplares. Después del “Proceso”, la revista cayó en ventas. Sin embargo, pudo mantenerse entre las publicaciones líderes sin que nadie pudiera desplazarla.

En el libro “Decíamos Ayer”, sus autores, Eduardo Blaunstein y Martín Zubieta, cuentan que “Gente” arrancó su era procesista denunciando la absoluta degradación subversiva en que había caído el colegio nacional Pellegrini con la complicidad de autoridades y docentes y alertó a sus lectores acerca de conductas que pudieran resultarles “perjudiciales para la salud”: hacer huelga, resistirse a la autoridad, sabotear la producción, insinuar algún tipo de revanchismo político.

Además, expresan que “Gente” advirtió que en la guerra contra la subversión no había neutralidad posible. “Gente” reveló y reiteró cinco veces por número “cómo somos los argentinos”, o “cómo deberíamos ser”, o “cómo nos miran en el mundo”, o “cómo nos deberían mirar”. “Gente” edificó ejemplos de ciudadanos modelos; declarando que si no son militares es preferible que sean doctores o que sea directamente Martínez de Hoz el personaje del año.

Como así también, dichos autores sostienen que “Gente” se preocupaba por solicitar -y hasta exigir- la meditada respuesta de los señores padres a la pregunta: “¿Qué hace usted para que su hijo no sea guerrillero?”. Acompañó a Videla hasta Venezuela para que “no se perdiera” y de regreso titula “Fue un triunfo argentino”. Se indignó -junto con otros medios- contra los trabajadores de Luz y Fuerza que “osaron” realizar una huelga en plena dictadura. Aseguró en una publicación que Jacobo Timerman “confesó ser sionista de izquierda” y que Tomás Eloy Martínez era montonero.

A medida que fueron avanzando gélidamente los años del proceso y aunque las revistas de Atlántida volvieron a sus tapas acostumbradas, “livianitas”, no dejaron de militar en sus páginas interiores por la causa castrense, católica y por “el ser Nacional”.

La construcción de un Otro frente a un Nosotros

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Una lectura a partir de la dimensión analógica de la fotografía

La imagen fotográfica fue interpretada desde sus comienzos y durante buena parte del siglo XX como la posibilidad de apresar los reflejos de un “espejo”. La fotografía, y ésa ha sido su característica más utilizada, basada todo su poder en la analogía con lo representado.

En “El mensaje fotográfico”, Roland Barthes hace alusión a este carácter analógico de la fotografía. El autor dice en este artículo, que la fotografía transmite, por definición, la escena en sí, lo real literal. “Si bien es cierto que la imagen no es lo real, es por lo menos su analogon perfecto, y es precisamente esa perfección analógica lo que, para el sentido común, define la fotografía”.6

El principio de realidad es una de las características de la cual goza la fotografía documental, ya que como dice Margarita Ledo, en la foto documental, el referente real no puede ser intervenido por el autor a no ser a través de lo necesario: selección, adaptación a las condiciones de exposición y encuadre, y que al convertirse en una convención le otorga a la imagen su valor de autenticidad. Ledo señala: “En la historia de la foto como foto de prensa, como documental, no puede separarse la construcción de la mirada a través de la mimesis, del efecto-realidad”.7

Al construir su discurso sobre la guerra de Malvinas básicamente sobre la estructura fotográfica, y al presentar estas fotografías como un documento histórico, la revista “Gente” intenta, por un lado, hacer que el conflicto adquiera visibilidad a través de sus páginas con el fin de fomentar una mayor credibilidad en la gente. Por otro lado, ponerse en el lugar de la exclusividad. Al asociar a la fotografía con la idea de “documento”, se está refiriendo a algo que sirve en primer lugar para dar testimonio de una realidad, y luego para recordar la existencia de dicha realidad. Esa idea de exclusividad, que “Gente” hace explícita en la mayoría de sus tapas cuando dice “Nuevo documento histórico exclusivo, Las fotos que sólo verá en Gente”, significa que las fotografías están proporcionando un testimonio particular, en este caso, sobre el conflicto, puesto que es más creíble que un texto escrito, y su valor es más fuerte en la medida en que son fotos únicas.

De esta manera, la revista “Gente”, apela a la palabra “documento”, con el fin de hacer más creíbles sus fotografías. O sea, que de alguna manera, está indicando que sus fotografías son el fiel reflejo de la realidad, no interfieren de ninguna manera en los hechos que se están suscitando. Bauret sostiene: “(...) en el caso del reportaje, el acontecimiento, la historia, constituye el motivo mismo de lo que normalmente se entiende por documento y por eso se supone que le interesa a gran cantidad de gente”8. Además, la idea de “documento”, incita al almacenamiento. Con esto se quiere decir que la revista estimula a la compra, y luego al archivo de la misma en el “antiguo cajón de los recuerdos”. Susan Sontag, en “Sobre la fotografía”, sostiene: “Una vez concluido el acontecimiento, la fotografía aún existirá, confiriéndole una especie de inmortalidad (e importancia) de la que jamás habría gozado de otra manera. Mientras personas reales están matándose entre sí o matando a otras personas reales, el fotógrafo acecha detrás de la cámara para crear un diminuto fragmento de otro mundo: el mundo de crear 5

imágenes que nos sobrevivirá”9. Por lo tanto, cada fotografía es un momento privilegiado transformado en un objeto delgado que uno puede guardar y volver a mirar.

En cuanto al efecto-verdad que confiere una fotografía se produce porque ésta suministra evidencia. Susan Sontag, en el trabajo anteriormente citado, afirma que, “algo que conocemos de oídas pero de lo cual dudamos parece irrefutable cuando nos lo muestran en una fotografía”10. La revista “Gente”, se vale de este efecto de realidad que provoca la fotografía, con el objetivo de certificar la veracidad de los hechos. De esta manera, el semanario se coloca en el lugar del testigo a través de las imágenes del conflicto. Mediante las fotografías de la guerra que aporta la revista a sus lectores, éstos pueden acceder a un conflicto que se desarrolla lejos de ellos. Sontag señala: “Una fotografía se considera prueba incontrovertible de que algo determinado sucedió”11.

En “Un espejo de la historia”, Martínez de Aguirre hace referencia a que actualmente, muchos de los usos sociales asociados a la fotografía reposan en esta dimensión icónica, esta condición de espejo de la realidad. Entre ellos figura su utilización para la identificación de personas que ha sido utilizado en el Estado moderno de múltiples maneras, algunas, francamente represivas. Susan Sontag afirma que en junio de 1871, en la feroz redada de “communards”en París, la fotografía comenzó a emplearse como una herramienta útil para la vigilancia y el control de la población. Aquí, el principio de semejanza posibilitó la identificación policial. Otro ejemplo de estos numerosos usos sociales es la foto carné, producto de las sociedades disciplinarias. Según Gilles Deleuze, la misma tiene dos polos: “ la firma que indica el individuo, y el número de matrícula, que indica su posición en una masa” para que el poder desempeñe su rol “al mismo tiempo masificador e individualizador”12. La foto carné fue utilizada por el estado autoritario de 1976 como dispositivo de identificación y vigilancia, para luego borrar todo rastro de identidad.

En este sentido, la revista “Gente” se basó en el poder analógico de la fotografía para presentar a ese Otro, el enemigo. Por medio de las fotos publicadas en sus páginas, a lo largo de todo el conflicto bélico, el Otro se muestra como a través de un espejo. Es de esta manera como adquiere un rostro. No hay que olvidar que la Guerra de Malvinas se desarrolló lejos de las miradas de los que quedaron en el continente, y que las imágenes, brindadas tanto por el medio televisivo, por los diarios y por las revistas de la época, hacían que la misma adquiriera una visibilidad inmediata.

Ines Bostagaray, cita a Baudelaire en un texto titulado “En la frontera: Verdades y ficciones de Pedro Meyer”: “Si se admite a menudo con bastante facilidad que el explorador puede fabular relativamente al regreso de sus viajes y así elaborar, por ejemplo para impresionar a su auditorio, relatos más o menos hiperbólicos en los cuales la parte de fantasía y de imaginación son difícilmente despreciables, la fotografía, por el contrario, al menos ante la doxa y el sentido común, no puede mentir. La necesidad de “ver para creer” se encuentra allí satisfecha(...)”13. Se percibe entonces a la foto, desde el sentido común, como la prueba suficiente que atestigua la existencia de lo que da a ver.

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Desde esta perspectiva, las fotos proporcionan, en su dimensión icónica, una cierta información visual del Otro, el cual adquiere un perfil propio, una fisonomía. Esto posibilita que los que siguen el conflicto a través de los medios, puedan situarse cara a cara con el adversario.

Mediante la imagen fotográfica resulta posible saber más sobre ellos: conocer su apariencia física, sus facciones, ver sus expresiones.

El registro fotográfico desempeña una función constatativa al documentar la existencia del sujeto fotografiado: al testimoniar de esa existencia gracias a la prueba de autenticidad de una demostración técnica de semejanza y de identidad. Pero además, la foto muestra al sujeto fotografiado en el momento irrepetiblemente pasado de la toma. Muestra al sujeto ya diferido de su existencia por el corte de la toma que, al seccionar el continuum temporal, detuvo su curso vital inmovilizado en un presente fijo. El semanario “Gente” hace saber, por medio de la imagen fotográfica, que el Otro existe. La foto posibilita que el enemigo adquiera existencia, y a su vez, lo inviste de un efecto-de-presencia que se encuentra, al mismo tiempo, técnicamente desmentido por su congelamiento en tiempo muerto. Esta es la paradoja visual de la fotografía: contener en sí misma esta ambigüedad temporal de lo que todavía es y de lo que ya no es.

Por otra parte, el Nosotros también posee un rostro que se revela a través de las imágenes fotográficas, y el lector que mira fascinado esas imágenes que forman parte del mundo mediático argentino, se reconoce en ese rostro. No reconocerse en él, sería pues tomado como una traición a la Patria, sería considerado como cómplice del enemigo.

Algo significativo para resaltar, es que la revista “Gente” no exhibe el rostro de los muertos en la guerra. Por eso se dice que la guerra de Malvinas fue una guerra sin cadáveres, pese a que sólo del lado del Nosotros hubo más de 600 soldados muertos. Borrando el rostro de la muerte, se pretende encerrar el rostro humano en un presente perpetuo; se “hace presente su ausencia: y la muerte total ya no es posible”.14

Una lectura a partir de la dimensión simbólica de la fotografía

Desde este punto de vista que entiende a la foto como símbolo, intentamos dar cuenta de cómo la revista “Gente” representa al Otro, al enemigo, frente al Nosotros; qué significados vehiculizan las fotografías publicadas por este medio.

Todo el conflicto por las Malvinas se divide en tres etapas: el momento de las negociaciones diplomáticas, que se extiende desde la toma de las islas por parte de los argentinos, desde el 2 de abril hasta el 1ro. de mayo; el momento de la guerra, de la confrontación bélica en sí y el momento de la derrota argentina.

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La primera etapa es cubierta por “Gente” en un número de cuatro revistas de aparición semanal. Durante esta etapa el Otro es representado con el rostro de la derrota: manos arriba, gestos duros, banderas blancas, entrega de armas, cuerpo a tierra.

De esta manera, y fundamentalmente por medio de las imágenes fotográficas, el semanario “Gente” se convierte en testigo presencial de la rendición de los soldados británicos y del éxito de las tropas argentinas. Una vez más, los militares argentinos luchando en defensa de la Patria, en la defensa de nuestro territorio. Sigal y Santi sostienen que la relación Fuerzas Armadas / Patria está legitimada por la constitución, que les atribuye la defensa de las fronteras, de la unidad territorial y que clasifica a los hombres de armas en una categoría especial, fuera de los políticos, estructurada por valores colectivos y exclusivamente dedicada, de derecho, a la defensa de la Nación15. Así es cómo “Gente” exalta, a través de las imágenes, estos valores que se arroga el poder militar, instaurando en la sociedad la creencia de que los militares, nuevamente, salvaron al país. Así lo demuestran las fotografías que exponen a una Plaza de Mayo abarrotada de gente, apoyando las decisiones de un régimen autoritario de tomar las islas Malvinas, las cuales les pertenecían por derecho propio.

Una de las características de esta época, y que resulta importante destacar, se traduce en que, en el discurso de los militares que gobernaron en Argentina desde 1976 a 1982, aparece la constitución de un Otro enemigo, peligroso, amenazante, que debe ser aniquilado. Dicha constitución se traduce, a sí mismo, en el discurso fotográfico de la revista “Gente”. De esta manera, el semanario reproduce, en formato fotográfico, la lógica binaria propia del pensamiento autoritario y totalizador. Dicha lógica binaria concibe al mundo como dos campos enfrentados, el propio y el ajeno.

En 1976, ese Otro era el subversivo, el no-hombre, el no-ciudadano, objeto de eliminación. La lucha contra la subversión en Argentina constituyó durante mucho tiempo, una fuente de legitimidad del régimen ante sectores dominantes y sectores medios aterrorizados por la violencia y los ataques al orden establecido. Pilar Calveiro señala: “Subversivo era una categoría verdaderamente incierta. Comprendía, en primer lugar, a los miembros de las organizaciones armadas y sus entornos, es decir militantes políticos y sindicales vinculados de cualquier manera que fuese con la guerrilla. Inmediatamente, se pasa a incluir en la categoría de subversivo a todo grupo político o partido opositor, así como a cualquier organismo de defensa de los derechos humanos, todos ellos dedicados, por una conspiración internacional, a desprestigiar al gobierno”.16

En 1982, el Otro, el enemigo, eran los británicos, quienes ocupaban las islas Malvinas desde 1833. Así, según la lógica militar, siempre hay un Otro que hay que destruir para establecer el orden social y mantener, de este modo, la legitimidad ante la sociedad, tan necesaria para que el gobierno autoritario permanezca en el poder.

El pensamiento autoritario y totalizador, además de creer que todo lo que no es idéntico a sí mismo es parte de un otro amenazante, entiende que lo diferente constituye un peligro inminente o latente que es preciso conjurar. La reducción de la realidad a dos grandes esferas pretende finalmente la

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eliminación de las diversidades y la imposición de una realidad única y total representada por el núcleo duro del poder: el Estado. Se trataría de una construcción de tipo guerrero, que reduce la realidad política a los términos del enfrentamiento militar, de manera que se mueve con las nociones de amigo-enemigo, batallas, guerras y aniquilamientos.

En la revista número 875 del 29 de abril de 1982, “Gente” titula una nota de esta manera: “La otra guerra del General Menéndez”. Este título refiere de forma explícita a esa otra guerra librada contra la subversión. Pilar Calveiro plantea: “Para los militares, pensar en términos bélicos la lucha contra la subversión, colocaba a los militares en una posición “profesional”, apartándolos de las funciones meramente represivas destinadas históricamente a la policía, al tiempo que alimentaba esta visón binaria de amigos-enemigos”.17

Por su parte, la sociedad argentina también estaba atravesada por este pensamiento binario: así lo demuestra la teoría de los dos demonios. Según esa explicación, se pretende que la sociedad fue agredida por dos “engendros”, extraños y ajenos, crueles e inhumanos, Otros (dos en lugar de uno), incompatibles y diferentes, “locos”, que es preciso desaparecer.

Una secuencia fotográfica publicada en la revista número 873 del 15 de abril titulada “Nosotros esperamos, Ellos vienen”, relata en imágenes la espera del ataque inglés por parte de los soldados argentinos. Las fotos revelan cómo se prepara el Nosotros para recibir el ataque, frente a como se prepara el Otro, para atacar. Así, el Otro es presentado como el atacante, y el Nosotros como el defensor de la soberanía.

Cabe aquí hacer referencia a una de las formas verbales más utilizadas por la revista “Gente”: el “nosotros”. Durante los setenta y cuatro días que dura el conflicto, el semanario, generalmente, habló de la guerra en la primera persona del plural como de una acción en que la nación en su conjunto es el sujeto: “Nosotros esperamos”, “Estamos ganando”, “Seguimos ganando”, “Así destruimos la flota enemiga”, “Vamos a atacar”. Esa forma verbal daba una mayor sensación de cercanía y por otro lado reproducía el modo con que habitualmente los ciudadanos se referían a las acciones, aunque no participaban directamente.

Desde el comienzo de la guerra, el 1ro. de mayo, la revista hace especial hincapié, ya desde su tapa, en el ataque inglés y el contraataque argentino para defender el territorio recuperado. Así es como el Otro, el enemigo, se constituye en el único responsable de la guerra. El Nosotros es representado como aquel que “eligió el camino del diálogo”, como aquel que no deseaba llegar a la confrontación armada, en cambio, el Otro, es quien prefirió el camino de las armas. El Otro es el atacante, el invasor, el que empezó la guerra.

En la edición número 876, el semanario muestra fotos de los marines ingleses que estaban a cargo de la protección de las islas Malvinas. Estas imágenes exponen escenas de la vida cotidiana de estos marines, que son presentados como gente excéntrica, de costumbres personales y de moral totalmente criticables. Esta serie de imágenes fotográficas que, según “Gente”, testimonian el 9

comportamiento del enemigo, revelan a un Otro sin disciplina militar, antipatriota, desordenado y sucio, adicto al alcohol, las drogas, la pornografía, las apuestas. Este Otro era considerado como un asesino que ponía en peligro la vida de los isleños. Sus pies de foto no hacen más que certificar lo que se da a ver por medio de las imágenes:

“El cuartel general... Y la “Unión Jack”, en sus dos versiones: la de la guerra y el distintivo nacional. En su interior las fuerzas argentinas de recuperación hallaron con sorpresa posters pornográficos y otros elementos, frecuentes en los escaparates de los “barrios rojos” de París, Bruselas o Nueva Orleans. Símbolos de una disciplina militar nada frecuente”.

“Los vicios. El alcohol y la marihuana eran los más difundidos entre la fuerza de defensa británica de las islas. El alucinógeno era traído por los barcos pesqueros de distintas banderas que anclaban en el ex Puerto Stanley. Cada marine disponía de su ración para armar -como en este caso- sus cigarrillos. Una manera de sobrellevar el rigor imperante”.

“Whisky y cerveza. El “Globe” era su pub favorito, pero allí en realidad iniciaban diariamente una travesía que concluiría a la mañana siguiente en “Moody Brooke”, su cuartel general convertido en club nocturno”.

Por su parte, la revista número 883, una de las cuales se dedica, ya pasado el conflicto, a resumir la guerra de Malvinas, muestra también fotografías que atestiguan la afición de los ingleses por el alcohol y su antipatriotismo. Aquí, igualmente, los pies de foto certifican lo que documentan las fotos:

“Al estilo inglés. Recorrieron los almacenes, los pubs y las casas de los kelpers reclamando botellas del whisky que se elabora en las islas. “Para escapar del frío”, justificó el periodista que transmitió las imágenes a Gran Bretaña”.

“El segundo objetivo. El primero fue recapturar Puerto Argentino. El segundo, llegar al hotel “Upland Goose” para terminar con las reservas de whisky. Los marines de la guerra peleaban los fines de semana para recibir doble paga y no podían comprender que nuestros soldados pelearan “sólo”... por la Patria”.

De esta manera, la revista construye un Otro que posee el rostro del demonio, exhibiéndolo como un ser inmundo que es necesario derribar. El enemigo es un loco, un bárbaro, un criminal diabólico, un carnicero, un perturbador de la paz, un enemigo de la humanidad, un monstruo del cual vienen todos los males. El fin de la guerra sería pues capturar ese monstruo y su derrota significaría la vuelta inmediata a la moral y la civilización.

En cambio, la imagen que “Gente” da del Nosotros es la imagen de la victoria sobre el enemigo, la imagen del patriota, del héroe, del imbatible. Las fotografías que aparecen en esta misma edición documentan y testimonian las habilidades de los soldados argentinos para impedir el desembarco de los ingleses en las islas.

En la revista número 877, las imágenes fotográficas revelan los crímenes cometidos por el enemigo. Es considerado como primer crimen inglés el hundimiento, fuera de la línea de bloqueo, del crucero ARA “General Belgrano” por el submarino nuclear “Coqueror”; el segundo crimen cometido por el enemigo ocurre el 3 de mayo, cuando un helicóptero inglés ataca al Aviso Alférez Sobral que navegaba

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desarmado con bandera de la Cruz Roja en misión de rescate; el tercer crimen del enemigo, el 9 de mayo, acontece cuando un Harrier hunde un pesquero argentino y luego las balsas de salvamento; finalmente, el cuarto crimen se trata de la utilización, por parte del adversario, de la bomba “Belouga”, prohibida por la Convención Internacional de Ginebra de 1949, la cual fue arrojada sobre las islas Malvinas matando a 11 kelpers. Asimismo, en la edición número 878, fotografías muestran a soldados argentinos en situación de prisioneros en las Georgias, y cómo el enemigo no cumplía con las normas de la Convención de Ginebra en relación al trato que se les debe brindar a los mismos. También, en la revista número 881, se muestran imágenes de prisioneros argentinos en Goose Green y las pésimas condiciones y al mal trato al que fueron sometidos por parte de sus captores. Asimismo, las ediciones números 882 y 883, publican dos fotografías que hacen referencia al mismo hecho: las imágenes muestran la casa destruida de un kelper después de un ataque aéreo británico sobre Puerto Argentino, durante el cual murieron dos personas y cuatro resultaron heridas. De esta manera, la criminalidad se convierte en el símbolo mismo del ejército enemigo. Si el Otro mata es un asesino, si el Nosotros mata es para defenderse y para defender la Patria. Si el Otro comete atrocidades es a propósito, si el Nosotros comete errores es involuntariamente.

En la edición número 878, es publicada una foto del entierro de un suboficial de la marina argentina, según “Gente”, “asesinado cobardemente”, en las Georgias del Sur. La foto del funeral muestra a soldados ingleses vestidos de gala, rindiéndole honores a dicho suboficial. Al mostrar esta fotografía, el semanario intenta dar cuenta que ésta es una escena montada por el Otro para dar testimonio de que respetan las reglas de la guerra y la Convención de Ginebra. “Gente” tilda a esta foto de “simple propaganda” y en la leyenda les advierte a sus lectores que no se engañe y le recuerda los “crímenes” cometidos por la flota inglesa. Lucrecia Escudero señala, como una paradoja de la guerra, la información “de adentro”, la verdadera, en la que los argentinos creían, frente a la información “de afuera” que, “¿no podía acaso siempre formar parte de una contracampaña mundial de desinformación dirigida contra nuestro país?”18. La publicación de esta fotografía por la revista “Gente”, pretende dar una imagen del Otro como mentiroso y manipulador de los hechos, frente a un Nosotros que da a conocer la verdad de los acontecimientos.

Desde que comienza el conflicto, el 2 de abril, “Gente”, como muchos otros semanarios de actualidad argentinos, ofrece una visón triunfalista de la guerra. Todas las revistas “Gente” que componen el universo mediático referido a la guerra de las Malvinas, salvo las que aparecen en circulación después de la rendición argentina, instalan la creencia de que un Nosotros, los argentinos, le está ganando la guerra a un Otro, los ingleses. Cada una de las imágenes que pueblan este universo referencial, constituidas como prueba de verdad, refuerzan y constatan las afirmaciones del medio sobre la victoria argentina. Las ediciones números 876 y 879 titulan en sus tapas, y con letras amarillas, como para que no queden dudas, “Estamos ganando” y “Seguimos ganando”, respectivamente. Ambos títulos se repiten en el interior a modo de consigna. Estas dos revistas verifican la victoria a través de fotografías que 11

muestran cómo el Nosotros está abatiendo al Otro. Las imágenes fotográficas publicadas en la edición número 876, escenifican las destrezas de los soldados argentinos para resistir el intento de desembarco de las fuerzas británicas. Las fotos divulgadas en el ejemplar número 879, muestran buques pertenecientes a la flota británica en el momento mismo de su destrucción. Estos buques, que se revelan a través de fotografías en blanco y negro, son: el Sheffield, el Coventry, el Ardent I, el Ardent II, el Canberra y el Antelope.

Escudero dice: “...el estatuto del medio de información escrita-independientemente de los contenidos vehiculizados que pueden o no haber sucedido-, es decir, su legitimidad en cuanto medio de comunicación, es su vocación de decir la verdad”19. Por su parte Margarita Ledo sostiene que con la verdad se fue perfilando “la obsesión de fijarlo todo, el concepto de objetividad, la función de servir de prueba de que algo, en un momento determinado, había sucedido o existido, la tenaz obligación de demostrar. Obviamente el ámbito de la Verdad se alargará de la foto etnográfica a la foto documental y cuando se conjugan condiciones técnicas, profesionales y culturales (...) la verdad se identificó con la información a través de la foto de prensa”.20

Ahora bien, el tema de “la verdad” es un tema bastante más complejo. La misma Escudero cita a Hilary Putnam: “La verdad, no es un concepto simple: la idea de que la verdad sea simplemente una copia pasiva de aquello que existe realmente (independientemente de la mente e independientemente de los discursos) está definitivamente desacreditada”.21 La verdad de los hechos que nos suministran los medios no es más que un efecto directo del discurso. Tiene que ver con una interpretación que los mismos hacen de la realidad. Al respecto Sontag dice: “Aunque en cierto sentido la cámara sí captura la realidad y no sólo la interpreta, las fotografías son una interpretación del mundo...” 22

Michel Foucault ha afirmado que la verdad es una construcción que incluye una práctica discursiva y el ejercicio del poder. También menciona que la verdad es la resultante de determinadas fuerzas que la imponen como tal. Desde esta concepción será posible pensar que la verdad que presenta la revista “Gente” del acontecimiento “guerra de Malvinas” y su construcción de un Otro frente a un Nosotros, es un objeto fruto de un discurso dominante. Basta con saber que el manejo de la información de guerra, en nuestro país, estuvo en manos del gobierno militar, quien practicó una censura rígida para la prensa.

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Ledo afirma: “La fotografía, como posibilidad de inscripción directa de la realidad, por su propia mecánica de realización se anuncia como valor de prueba, de que algo se convierte en imagen sin necesidad de modificar el material pro-fotográfico, lo que entra a formar parte del campo de visión, sin tener que sufrir alteraciones sustanciales. No obstante, será en esta misma posibilidad de transparencia donde se contemple su capacidad para funcionar como falso testigo de una realidad que por diversos caminos pudo alterar y transformar, otorgándole, igualmente, su efecto-verdad”.23 Siguiendo este planteo, si bien las fotografías pueden vehiculizar contenidos ficticios, es decir, no necesariamente acaecidos, por medio de sus tantos procesos de manipulación, como el retoque, el fotomontaje o el reencuadramiento o cambio de encuadre, el hecho de que se las inserte dentro de un medio de comunicación les otorga el poder de pertenecer al orden de lo real. Las fotografías de la guerra de Malvinas exhibidas por “Gente”, más allá de si han alterado o no la realidad, gozaron de su efecto-verdad mientras duró el conflicto. Las imágenes fotográficas nos obligan a creer que lo que muestran es la verdad de los hechos, lo que está pasando, o lo que ha pasado hace algunas horas.

Para citar dos ejemplos, la historia del submarino atómico “Superb”, o del desembarco británico en las islas Georgias y la versión de la resistencia del comando Lagartos son casos que aparecen como verosímiles y por consiguiente creíbles y hasta concebibles por el lector. El hecho de que estas informaciones se hallan revelado falsas mucho después de finalizada la guerra, no les quita verosimilitud. Pero, de acuerdo con la opinión de Escudero, fueron la suma de estas informaciones lo que acabó, a posteriori, con la legitimidad política de todo un gobierno.

Una lectura a partir de la dimensión indicial de la fotografía

Más allá de cualquier interpretación que se pueda realizar acerca de la construcción del Otro frente al Nosotros, durante la Guerra de Malvinas, por parte de la revista “Gente”, las imágenes fotográficas tienen, por sí mismas, la capacidad para indicar y confirmar la existencia de ese Otro y de ese Nosotros enfrentados en un conflicto bélico que se prolongó durante 74 días.

Esta capacidad indicial de la fotografía procede de una conexión física con su referente. La fotografía es por naturaleza un objeto pragmático, inseparable de su situación referencial. Roland Barthes señala que “la Fotografía siempre lleva su referente consigo...”.24

De esto, se deriva que la foto no es necesariamente semejante (mimética) ni a priori significante (portadora de significación en sí misma), aún cuando, por supuesto, los efectos de analogismo y los efectos de sentido acaben interviniendo con frecuencia. Las fotos no tienen, desde este punto de vista, significación en sí mismas, su sentido es exterior a ellas, está esencialmente determinado por su relación efectiva con el objeto. La imagen-foto se torna inseparable de su experiencia referencial, del acto que la funda. Primero la foto aparece como índice, y es posteriormente que puede llegar a ser semejante (ícono) y después adquirir sentido (símbolo).

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Aquí conviene hacer una aclaración: ¿a qué se llama “referente fotográfico”?. Se entiende por “referente fotográfico” no a la cosa facultativamente real a que remite una imagen o un signo, sino a la cosa necesariamente real que ha sido colocada ante el objetivo y sin la cual no habría fotografía.25 O sea, que es absolutamente necesario que el sujeto u objeto a representar mediante la imagen fotográfica exista realmente. Cuando se mira una fotografía se cae en la certeza de que la cosa ha estado allí. Este es el noema de la fotografía, el “Esto ha sido” que postula Barthes. El noema es la esencia de la foto, y es lo que, en definitiva, permite diferenciar este dispositivo de representación de otros, como la pintura y el discurso. La pintura puede fingir la realidad sin haberla visto. El discurso, si bien combina signos que tienen desde luego unos referentes, dichos referentes pueden ser y son a menudo artificios. En la foto, el referente siempre es real, lo cual no significa que no pueda mentir sobre el sentido de lo representado.

La fotografía goza de tres principios corolarios que derivan de su condición indicial: la singularidad, el atestiguamiento y la designación.

De acuerdo al principio de singularidad, las fotografías documentales publicadas en la revista “Gente”, a partir de las cuales realiza una particular construcción del Otro, del enemigo, frente al Nosotros, no remiten más que a un solo referente, el mismo que las ha causado. Las fotografías muestran al Otro y al Nosotros en lo que tienen de singulares, de únicos. Los revelan en situaciones que jamás podrán repetirse existencialmente. Cada foto expone un pequeño fragmento del acontecimiento, el cual no se produce más que una vez.

La singularidad se encuentra vinculada al principio de atestiguamiento. Estas mismas fotografías sólo pueden remitir a la existencia del objeto del cual proceden. Las fotografías consideradas como índices se constituyen en testimonio irrefutable de la existencia de ciertas realidades. El poder de atestiguamiento de las imágenes fotográficas reside en el ya nombrado noema de la fotografía: “Eso ha sido”. La fotografía se convierte en “el testimonio de lo que veo ha sido”.26 En el semanario “Gente”, el “Eso ha sido” que confirman las huellas luminosas, o sea, la realidad, se confunde con el ¡Es esto!, la verdad; cada foto es al mismo tiempo constativa y exclamativa. Y es en esa fuerza exclamativa donde reside la autoridad del medio sobre las imágenes. Es a través de esa fuerza que “Gente” ejerce un mecanismo de control sobre el referente adherido a la imagen. En este sentido, Susan Sontag dice: “Pero una fotografía no sólo se asemeja al modelo y le rinde homenaje. Forma parte y es una extensión de ese modelo; y un medio poderoso para adquirirlo y controlarlo”.27 El Otro y el Nosotros capturados en las fotos le permite al medio construirlos de una manera acorde a sus intereses y los del gobierno militar. “¡Es esto!, ¡Esta es la verdad! porque así lo demuestran las fotografías”. De esta manera, “Gente” trata de obstruir toda otra posibilidad de ver al Otro y al Nosotros. Todos sus mecanismos de puesta en escena de la guerra y de sus actores principales, apuntan a crear una cohesión nacional respecto a la misma -que debe evitar cualquier tipo de fractura- y, en particular, una relación de apoyo al gobierno.

Tanto el cuerpo del Otro como el cuerpo del Nosotros se encuentra prisionero en la fotografía. Esto es lo que le permite a la revista “Gente” decir, de alguna manera: “¡Miren! éste es el enemigo, éste 14

somos Nosotros”. Aquí se manifiesta el principio de designación. No es por casualidad que se señale con el dedo índice. Lo que hace el medio es señalar con el dedo algo a alguien, y ese señalar con el dedo le otorga cierta dominación, cierto poder sobre lo que designa. Es probable considerar que el semanario, a través de las fotografías, muestre, señale con el índice lo que ha sido y ya no es; aunque resulta igualmente probable que nos oculte, con el mismo índice, lo que pudo ser y nunca fue; lo que no está porque aunque pudiera haber estado, no se captó y no se reveló.

Por otra parte, es conveniente aclarar que el índex fotográfico no quiere decir nada, no explica nada, sólo muestra, opera en el orden de la existencia y no el orden del sentido. Mediante el índex fotográfico se puede conocer de la existencia del enemigo, se puede saber que el Otro existe. Pero tanto el Otro como el Nosotros existen en un tiempo y un espacio diferidos. Por un lado, la imagen fotográfica está separada espacialmente de lo que ella representa. El signo fotográfico está aquí, el referente está allí, y es intocable. La eficacia de la fotografía reside en el movimiento que va de este aquí a ese allí. De esta manera, las fotos divulgadas por “Gente” muestran (el aquí del signo) lo que no se puede tocar (el allí del referente). De esta tensión entre lo visible y lo intocable se produce el deseo. “Deseo” entendido, según Gilles Deleuze y Félix Guattari, siempre como producción y no como la simple carencia de algo, como lo planteó el psicoanálisis de Freud. De ese deseo productor pueden nacer la represión, la violencia, la sumisión, la autocensura, pero también pueden surgir el cuestionamiento, la conquista, la revolución, la creación.

Por otro lado, esta distinción del aquí y el allí se superponen a la del ahora y el entonces. Lo que se nos muestra en la imagen fotográfica remite no sólo a una realidad exterior sino también a una realidad anterior. Cada fotografía que muestra la revista “Gente” revela el pasado; lo que fue, en el sentido de un pasado lejano, o lo que ha sido, en el sentido de un pasado próximo.

En pocas palabras, en un mundo donde todo es evanescente, la fotografía inmoviliza, arrebata el instante y lo materializa, es un intento por aprehender la instantánea de lo que todavía es, dar testimonio de lo que dejará de ser. La imagen fotográfica es el encuentro entre la proximidad y la distancia no sólo en el espacio, sino también en el tiempo.

Conclusiones

El rostro inmovilizado y derrotado del enemigo, el antipatriota, el asesino, el demonio, el mentiroso y manipulador, y otra vez el rostro del enemigo...triunfador.

El rostro triunfalista del Nosotros, el patriota, el defensor, el héroe, el imbatible. Y otra vez el rostro del Nosotros...derrotado.

La manera cómo “Gente” construyó a un Otro y a un Nosotros responde fielmente a la visión que de ellos tenían las Fuerzas Armadas. Ramonet argumenta, en “La tiranía de la comunicación”, que durante un conflicto bélico, el papel del bueno, para los medios, es el de víctima. Uno de los primeros 15

objetivos será, pues, aparecer como víctima y crear una imagen muy agresiva, muy negativa, muy amenazante del adversario.

Las fotos espectaculares, el desprecio a la flota británica, la exaltación de los sentimientos patrióticos argumentando a favor de defender la soberanía nacional, cotejar los mismos ideales de la cúpula militar, sirvieron para manipular las mentes y la información, para que la gran mayoría se sumara a un triunfalismo barato y absurdo.

La manipulación, tanto de la información como de las fotografías fue moneda corriente durante la guerra de Malvinas. En “Paren las rotativas”, Ulanowsky dice, en cuanto al material fotográfico, que en algunos casos, descubierto después de terminada la guerra, las tomas de aviones o barcos aniquilados correspondían a la Segunda Guerra Mundial. Cuando no había fotos se trucaban. Ulanowsky da un ejemplo de ello en su libro: “Una conocidísima telefoto en la que aparecían en un interesante sombreado cinco soldados argentinos a punto de plantar en tierra firme una bandera nacional también resultó ser falsa. El 3 de abril el Estado Mayor Conjunto la había difundido como real, pero luego se supo que la escena no procedió de las Malvinas sino de mucho más cerca, de la Escuela de Mecánica de la Armada en donde había sido puesta en escena”.28 Cuando era imposible hacer un truco se apelaba a atractivas ilustraciones, y si no había informaciones decisivas, se apelaba a frases triunfalistas para alimentar el clima.

En una entrevista realizada por Luis Barreras y Lucho Chipi29 para la elaboración de su tesis de grado de Comunicación Social, el periodista Alfredo Serra30 comenta: “De pronto, misteriosamente, llega el representante de una agencia que decía tener las fotos de Malvinas, de la guerra, de los aviones, de los soldados, obviamente la revista compró las fotos, si ven los ejemplares de esa época se darán cuenta de las excelentes fotos que tenía la revista, las cuales fueron conseguidas a precios altísimos, 17 mil dólares la primera remesa y así sucesivamente, alrededor de 265 mil dólares. De dicha agencia, después de varios años se descubrió que era de militares argentinos que estaban en las islas y que habían creado una “empresita” para vender material de la guerra. Tengo entendido que estaba metido algún coronel. Esto fue una cosa absolutamente criminal, es típicamente argentino”.

De todas maneras, “Gente” se colocó en la posición del testigo que todo lo ve, aunque la verdad es que pudo acceder al escenario en donde se desarrollaba el conflicto bélico sólo al comienzo del mismo.

A partir del análisis se puede constatar que el semanario “Gente” fue variando su modo de ver el conflicto, de ver al enemigo y al Nosotros. En los primeros días de éste, la revista transmitió, tanto desde las imágenes como de sus titulares una actitud victoriosa. Sólo cuatro días antes de finalizada la contienda, “Gente” desplazó esta posición y comenzó a replantearse la situación. Una foto representativa de la visión triunfalista es la de un soldado que con el pulgar hacia el cielo, como dice la revista, marcaba dicha actitud. 16

Es a partir de la derrota argentina que la revista comenzó a realizar otra construcción del Nosotros y del Otro. El enemigo, si bien no dejan de mostrarse fotos que lo denigran, se convierte en el profesional, en el mejor preparado para la guerra, con armas superiores. Victorioso. Poderoso.

El Nosotros, en cambio, se convierte en los “chicos de la guerra”, indefensos ante la crueldad del clima de las islas, delgados y débiles por la falta de alimentos, no profesionales. Y también aparecen los muertos.

Lo cierto es que, -y corresponde dejarlo en claro-, que los ex soldados argentinos, por lo menos aquellos entrevistados, aborrecen que se los nombre o que se los recuerde como “chicos de la guerra”. Ellos consideran que allí, en el campo de batalla, pese a tener apenas 18 años, se hicieron hombres. Debieron enfrentar difíciles decisiones, actuar racionalmente en medio de lo que parecía irracional, desafiar el fuego del adversario, que también eran hombres, como ellos. Rubén Rada, uno de estos ex soldados perteneciente al Centro de Veteranos de Guerra de Rosario, decía: “Me encontré con un pibe en calzoncillos en la isla. Era granadero. Tenía 19 años. Se quedó en calzoncillos porque quemó el uniforme de San Martín para que no lo tomaran prisionero. Y le dijeron “chico de la guerra”. Cuando veníamos como prisioneros en el Canberra, allí había un piano. El Canberra era un buque inmenso que tenía sala de baile. Los ingleses lo habían desmantelado para traer su tropa, y había quedado el piano. Uno de los soldados prisioneros gateó entre todos lo soldados y llegó al piano. Sabía tocarlo y tocó y cantó el Himno Nacional Argentino ante los ingleses que no entendían nada. Volvió, y la prensa argentina lo llamó “chico de la guerra”. No sabemos el nombre. Son los héroes anónimos”.31

Las fotografías, vistas como “espejo de la realidad”, como “transformación de la realidad”, o como “huellas de la realidad”, escriben con sus rayos luminosos la historia de una derrota dolorosa, teñida de manipulación, de desinformación, de censura y autocensura, de acompañamiento ideológico. Las imágenes fotográficas publicadas por “Gente” pintaron una realidad que no se corrobora como tal, una realidad que llevó a transformar a la guerra en el suicidio del propio estado autoritario que, desde un principio, gobernó Argentina desde la absoluta violencia.

Las fotografías sirven hoy para recordar un pasado, sin el cual no se podría construir el futuro; sirven para dar testimonio y romper el silencio sobre el que navega la amnesia que suele atacar casi siempre a la sociedad argentina. Esas grandes fotografías que pueden verse en las páginas de “Gente”, 17

las cuales, en su momento, fueron utilizadas como una máscara de la realidad, hoy se convierten en reveladoras de un pasado de engaños y permiten ver a la guerra de Malvinas -si bien fue una guerra absurda- como el gran paso a la democracia.

Notas Bibliográficas

1. ESCUDERO, Lucrecia. “Un rápido panorama mediático o la fascinación de la guerra”, en Malvinas: el gran relato, Fuentes y rumores en la información de guerra, Gedisa, Barcelona. 1996. Pág. 63.

2. Ibídem, pág. 69.

3. BARTHES, Roland. La cámara lúcida, Notas sobre la fotografía, Paidós, Barcelona. 1990. Pág. 145.

4. MARTÍNEZ DE AGUIRRE, E., BISELLI, R. Y MARENGO, M.. Introducción a los lenguajes, La Fotografía, Laborde, Rosario. 2000. Pág. 37.

5. LEDO, Margarita. “La lección de las constantes”, en Documentalismo fotográfico, Cátedra, Madrid. 1998. Pág. 39.

6. BARTHES, Roland. “El mensaje fotográfico”, en Barthes, R., Bremond, C., Todorov, T. y Metz, C. Comp., La Semiología, Tiempo Contemporáneo, Bs. As.. 1972. Pág. 116.

7. LEDO, Margarita. “I saw your picture in the Picture Post”, en Documentalismo fotográfico, op. cit.. Pág. 66.

8. BAURET, Daniel. De la Fotografía, Biblioteca de la Mirada. 1992. Pág. 55.

9. SONTAG, Susan. Sobre la fotografía, Sudamericana, Bs. As.. 1980. Pág. 21.

10. Ibídem, pág. 15.

11. Ibídem, pág. 16.

12. DELEUZE, Gilles. “Posdata sobre las sociedades de control”, en Ferrer, C. Comp., El lenguaje libertario 2, filosofía de la protesta humana, Piedra Libre, Montevideo. 1991. Pág. 20.

13. BORTAGARAY, Inés. En la frontera: Verdades y Ficciones de Pedro Meyer, www.enlafronterapedromeyerI.htm

14. FREIRE, Héctor. Rostro y representación, www.topia.com.ar

15. SIGAL, S. Y SANTI, I.. “Del discurso del régimen autoritario. Un estudio comparativo”, en CHERENSKY,I. y CHONCHOL, J. (comp.) Crisis y transformación de los regímenes autoritarios, EUDEBA, Bs. As..1985. Pág. 152.

16. CALVEIRO, Pilar. “Un universo binario”, en Poder y desaparición, Los campos de concentración en Argentina, Colihue, Bs. As..1995. Pág. 90.

17. Ibídem, pág. 88.

18. ESCUDERO, Lucrecia. Malvinas: el gran relato, op. cit.. Pág. 25.

19. Ibídem, pág. 46.

20. LEDO, Margarita. “La lección de las constantes”, en Documentalismo fotográfico, op. cit.. Pág. 61.

21. Ibídem, pág. 42

22. SONTAG, Susan. Sobre la fotografía, op. cit.. Pág. 17.

23. LEDO, Margarita. “La lección de las constantes”, en Documentalismo fotográfico, op. cit.. Pág. 36.

24. BARTHES, Roland. La cámara lúcida, op. cit.. Pág. 33.

25. Ibídem, pág. 135.

26. Ibédem, pág. 145.

27. SONTAG, Susan. Sobre la fotografía, op. cit..Pág. 165.

28. ULANOWSKY, Carlos. Paren las rotativas, Espasa Calpe, Bs. As.. 1997. Pág. 299.

29. BARRERAS, L. Y CHIPI, L.. La desinformación de la “Gente”...(sobre Malvinas), Facultad de Periodismo y Comunicación Social, Universidad Nacional de La Plata. 2002. Pág. 17.

30. SERRA, Alfredo. Redactor y jefe general de redacción de la revista “Gente”.

31. RADA, Rubén. Entrevista realizada en mayo de 2000.

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