CAPITULO XXXIII - HUMILDES Y SILENCIOSOS

Comodoro (R) Carballo Pablo Marcos

Compendio de “Dios y los Halcones” y “Halcones sobre Malvinas”,
del mismo autor

 CORDOBA, AGOSTO DE 2004

 CAPITULO XXXIII - HUMILDES Y SILENCIOSOS

En esta guerra no solo participaron los pilotos de combate y los reabastecedores. También lo hicieron los pilotos de transporte y civiles, que en vuelos de traslado entre bases, exploración, reconocimiento, búsqueda y salvamento, arriesgaron sus vidas en el anonimato. Este capítulo es para ellos.

Relata: El autor -Piloto de A-4B Skyhawk

De día y de noche, en buenas y malas condiciones meteorológicas en rutinarias o peligrosísimas misiones participaron en esta guerra hombres que por su misma actividad quedaron fuera de las alabanzas y la fama; humildes y silenciosos, aportando su cuota de sacrificio y patriotismo para el logro de la misión de la Fuerza Aérea Argentina.

Ellos fueron los tripulantes de C-130, de Boeing 707, de Fokker F-28 y F-27, de Guaraní II, los tripulantes de helicópteros y aviones de búsqueda y salvamento, los fotógrafos aéreos y principalmente los pilotos civiles. Estos últimos no eran militares, no sabían combatir, no conocían maniobras evasivas, nunca habían visto el lanzamiento de ningún armamento de guerra y sin embargo cumplieron arriesgadas misiones, compensadas nada más que con su tranquilidad de conciencia.

Mi reconocimiento también a aquellos que ofrecieron sus aviones sin ningún egoísmo, a quienes no nombro porque sé que no lo necesitan y para no ser injusto con quienes sin querer podría olvidar.

Uno de los pilotos civiles es el pintor que ilustró mis dos libros, el 1er Teniente retirado Exequiel Martínez, el mejor pintor de temas aeronáuticos del mundo, viejo hombre del aire y no por la edad, sino por haber pasado su vida entre alerones, precomputadas, turbinas y hélices, o sea viejo por experiencia, por vivencias, porque lleva en sus ojos la hermosa visión de la tierra mirada desde lo alto; porque voló muchas veces encima del smog y de las nubes y vio que allí arriba siempre está el sol y siempre el cielo es de un color igual, muy azul, muy lindo. Por eso, porque aprendió a amar las cosas que realmente valen, él es, en mi opinión, un gran pintor de temas aeronáuticos.

Entre el personal de fotografía aérea, quiero destacar al Capitán Marcelo Lotufo, que cayó en una misión de las tantas que cumplía cuando su avión fue alcanzado por un misil Sea Dart. Con él quedaron también para siempre en el recuerdo de sus camaradas y en las páginas de nuestra historia, el Vicecomodoro Rodolfo M.de la Colina, el Mayor Juan J. Falconier, el Suboficial Ayudante Luna y el Suboficial Auxiliar Marizza.

En vuelo entre bases, me llevaron dos de estos pilotos civiles, uno de ellos se llamaba Alcobe.

Lo que más me llamó la atención en ellos fue su sencillez, brindándome todo lo que tenían a su alcance para hacerme sentir cómodo.

Otro denominador común que los distingue es el amor al avión que pilotean, al que alaban como si fuese su hijo muy querido, aumentando sus virtudes y disimulando sus defectos.

Los aviones de reconocimiento y distracción llevaban en su vientre a hombres que derrochaban coraje y desprendimiento. Así uno de nuestros Hércules C-130 fue abatido por un Harrier, desapareciendo para siempre en ese inmenso mar, cumpliendo con su deber el Capitán Rubén H. Martel, el Capitán Carlos E. Krausse (quien fuera uno de mis mejores amigos), el Vicecomodoro Hugo C. Meisner y los Suboficiales Lastra, Albelos, Cardone y Cantezano.

Estos C-130 cumplieron una tarea realmente destacable en el puente aéreo1 que se mantuvo en las islas Malvinas durante todo el conflicto. Aterrizando y despegando entre misiles que les tiraban las fragatas que navegaban sobre el mar que se encuentra en la prolongación de la pista, amenazados también por los helicópteros Sea King, que los esperaban en la ruta probable de acercamiento y alejamiento.

1 .-Vuelos que se realizan con los propósitos de trasladar cargas, personal, recobrar heridos, llevar armas, municiones, y por sobre todo, mantener comunicado a un territorio propio que se encuentra asediado por el enemigo, para evitar su aislamiento.

El Capitán Borchert, uno de los que más cruces hizo, despegó de Puerto Argentino dos horas antes del asalto final, el 13 de junio, en horas de la noche.

En su vuelo regresaron al continente el periodista Nicolás Kasanzew y el camarógrafo Alfredo Lamela, a quienes respeto mucho por el valor de haber compartido con nosotros esos meses tan difíciles, con elevado espíritu y corazón argentino.

Inglaterra contaba para su información con medios técnicos avanzadísimos, con el apoyo de una de las dos superpotencias y con sus satélites; nosotros teníamos para oponerle un puñado de valientes, sobre los que doy fe hicieron más de lo humanamente posible.

Es muy arriesgado ponerse al alcance de armas y medios tan poderosos en nuestros aviones de combate, pero aún más lo es hacerlo con aviones sin ar mamento, lentos en sus maniobras, con limitaciones de potencia y velocidad. Sin embargo ellos cumplieron y quizás pocos se hayan enterado que fueron parte de esta heroica gesta.

Mi homenaje también al ingeniero, al médico, al estudiante, al obrero, al periodista, al ama de casa, al niño con su bandera celeste y blanca. Ellos desde sus puestos también cumplieron y me hicieron sentir su cariño en cada misión. Ellos también fueron humildes y silenciosos.