CAPITULO XXV - OJO POR OJO

Comodoro (R) Carballo Pablo Marcos

Compendio de “Dios y los Halcones” y “Halcones sobre Malvinas”,
del mismo autor

 CORDOBA, AGOSTO DE 2004

 CAPITULO XXV - OJO POR OJO

Este capitulo se divide en dos partes, en la primera se describen operaciones de los aviones”Pucará”, bajo condiciones límites, despegando de pistas muy poco aptas y bajo cañoneo del enemigo. En la segunda parte cuenta las peripecias vividas por un piloto que debió eyectarse alcanzado por el fuego enemigo.

Relata: 1er.Teniente Micheloud -Piloto de Pucará

21 de Mayo de 1982 - 08:30 horas - Pradera de Ganso El día amaneció bastante despejado y desde temprano debíamos soportar el cañoneo naval; esto indicaba que las cosas ese día serían muy movidas.

Pertenecía a la primera Escuadrilla prevista para salir; estaba integrada por el Capitán Benítez, como jefe de la misma, el Teniente Brest, como numeral dos, yo como tres y el Mayor Tomba como numeral cuatro.

El despegue fue ordenado por secciones, pudiendo salir solo el guía en primer término, ya que nos vimos sometidos al fuego naval. Su numeral debió abortar1 la puesta en marcha y buscar refugio, pues no había logrado despegar a tiempo.

Los impactos enemigos pegaban a no más de quinientos metros de nuestras posiciones, es decir en la cabecera opuesta. Las tandas de salvas2 se sucedían apenas con intervalos de tres minutos.

La preparación de los aviones en lugares desprotegidos y dispersados por el campo se hacía dificultosa, no obstante algunos mecánicos desafiando el fuego cruzaban el campo remolcándolos con tractores. Todo era trabajo duro pero eficaz; de tanto en tanto interrumpido para buscar protección, cuando una andanada pegaba demasiado cerca.

En un intervalo del fuego enemigo me encontré atándome tan rápido como podía y comencé la puesta en marcha; apenas terminaba el ciclo de arranque del segundo motor, cuando vi correr a algunos en procura de un refugio. No cabían dudas que los cañones navales nos buscaban otra vez, no tenía otra alternativa que salir. Di motor buscando la cabecera a la vez que efectuaba un rápido y último control. Apenas pisé la pista di motor a pleno y sentí vibrar mi Pucará ante el requerimiento de potencia. Los quinientos metros de pista parecían interminables a veces y escasos otras. Bastaba echar una mirada al velocímetro para darse cuenta de la realidad, así que lo ignoré; me aseguré de que los motores trabajaran bien y a pleno; cuando llegué al fin de la pista simplemente lo saqué, tenía setenta y cinco nudos.

Ahora mi misión consistía en buscar helicópteros enemigos en el cerro Bombilla, próximo al Puerto San Carlos y destruirlos.

Encontrarse nuevamente con un sonido agradable y también familiar devolvía la confianza y serenidad; estaba en mi medio. Nos dirigimos a muy baja altura dando un rodeo al cerro Alberdi.

En el punto señalado no encontramos nada, ni en el área tampoco, ampliando nuestra búsqueda con el mismo resultado, volvimos sobre el Cerro Alberdi para deslizamos apoyados en él hacia San Carlos; en ese momento recibimos fuerte fuego antiaéreo y dos misiles pasaron muy cerca nuestro, dejando su estela azulina. Venían de atrás, desde las siete. (Se refiere a las agujas del reloj, o sea de atrás y a la izquierda)

Comenzamos a rodear la zona de donde provinieron para localizar las posiciones pero infructuosamente. Luego nos enteraríamos que en ese mismo lugar había sido derribado nuestro Jefe de Escuadrilla y que casi corremos igual suerte. Unos minutos después de que se nos ordenó dirigirnos a Puerto Argentino, apareció en ese lugar nuestra codiciada presa: los helicópteros. No pudimos entrar a Puerto Argentino y al comunicarnos nuevamente con nuestra

1 -Abortar: Suspender.

2 -Salva: Varios cañonazos seguidos.

Base "Cóndor", se nos indicó atacar un establecimiento donde se había detectado al enemigo y desde donde se estaba reglando el tiro naval. Nos guiaron directamente al blanco, entramos con cohetes, los que hicieron impacto directo. No quedaron más que ruinas humeantes.

Se nos indicó continuar hacia el Sudeste a reconocer una posición similar cuando advertimos que se dirigían hacia nosotros tres Sea Harrier, que evidentemente nos habían visto. Nos cruzamos con rumbo opuesto, ellos en franco descenso.

Cuando entró la sección enemiga sobre nosotros ya estábamos sobrepasados, por lo que alcanzamos a virar noventa grados ala izquierda hacia ellos. Advertimos que no pudieron tirar y buscaron altura; en ese momento apareció el tercero sorprendiéndonos y continuando la acción de la Sección que lo precedió.

Cuando él alcanzaba la distancia de tiro, vi delante mío un profundo cañadón en forma transversal. Acompañando la maniobra del atacante, continué girando los noventa grados hacia la izquierda y desaparecí entre sus paredones con la mínima velocidad. La maniobra no fue igualmente afortunada para mi numeral, quien no alcanzó a entrar. Divisé por un instante al atacante mientras abrió fuego de cañones contra él, acallándose luego la comunicación que manteníamos por radio.

Un kilómetro más adelante terminó mi cubierta protectora por lo que volví a ver a mi atacante ascender sobre la zona, tal vez buscándome. Así debí regresar solo a la base.

En las últimas horas de la tarde tuvimos la mayor de las alegrías, al ver reintegrados con nosotros a los dos pilotos que habían sido derribados, rescatados ilesos.

EVASIÓN

(Continuación del anterior)

Relata: Capitán Benítez -Piloto de Pucará

Pradera del Ganso, 21 de Mayo de 1982.

Aproximadamente a las tres y treinta de la mañana me comunicaron la misión que tenía asignada para las primeras horas del día y que consistía en reconocer la posición del Puesto de nuestros Observadores del Aire Nº 5, en cuyas proximidades se había producido el desembarco helitransportado3 de un grupo de comandos ingleses. La misión aparentemente de éstos era silenciarlo, pues lo habían buscado con ahínco y acribillado con sus armas, carpas y equipos, no obstante lo cual con su radio a cuestas, nuestros dos hombres habían logrado eludirlos y periódicamente efectuaban llamadas que confirmaban estar aun en condiciones de cumplir con su cometido.

La oscura noche finalmente nos abandonó con su mezcla de incertidumbre, corridas, alarma y disparos que solamente nos dejaron fatiga y tensión.

A las 07:00 concurrimos el Teniente Brest y yo al Puesto de Comando para actualizar la situación meteorológica y ampliar la información recibida con anterioridad, tras lo cual nos dirigimos de inmediato a la pista, sitio en donde nos sorprendieron las primeras luces del día, listos ya para iniciar el vuelo.

La alarma roja nos encontró a bordo de nuestros aviones, abocados a la tarea de ponerlos en marcha. Rodamos hacia la cabecera en uso. Me aseguré al asiento eyectable, procediendo de inmediato a despegar y recibiendo la información de que lo hacía solo, pues mi numeral más atrasado en su operación suspendió la misma y abandonó su avión buscando refugio.

Por espacio de una hora sobrevolé la parte sur de la Isla Soledad recorriendo sus costas y canales sin haber logrado visualizar al enemigo. Al recibir información radial que la alarma sobre la zona que se me había asignado reconocer había finalizado, me dirigí a ella para dar cumplimiento a mi misión.

El primer sobrevuelo de la misma fue efectuado sin lograr ubicar a ningún inglés. Inicié un segundo reconocimiento ampliando el radio de viraje y tomando un poco más de altura —50 metros— para abarcar mayor cantidad de terreno en la observación.

En ese momento fue cuando por encima de las colinas observé una fragata inglesa en el Estrecho de San Carlos. Su presencia en el momento de mi despegue era desconocida, por lo

3 -Helitransportado: Transportado en helicóptero.

que suspendí el viraje y pegado a la ladera del Cerro Alberdi, comencé a acercarme protegido por éste de la detección del radar. Como al mismo tiempo ascendí, mejoraba mis condiciones para observar su actividad.

Absorto por esta variante inesperada que se presentaba a mi misión y lamentando cada vez más estar armado solamente con cañones y ametralladoras, continué mi acercamiento, cuando de pronto sentí una fuerte trepidación en la estructura del avión.

Controlado el mismo, alcancé a divisar la estela que había dejado un misil inglés en su trayectoria y que me indicaba la posición que ocupaban quienes seguramente eran miembros del "grupo de comandos" que debía yo ubicar y que durante la noche se habrían desplazado hasta ese lugar, distante unos cinco kilómetros.

El misil me fue disparado de frente y desde abajo desde unos ciento cincuenta metros, por lo que al estar tan cerca no me dio oportunidad para utilizar mi armamento contra ellos. Como por otra parte desconocía la magnitud de los daños recibidos, decidí introducirme por el cañadón que se abría a mi derecha y sobre el lugar donde se hallaba apostado el enemigo, para evitar que éstos al verme continuar el vuelo, me dispararan otro misil. Al cabo de aproxi madamente un minuto de vuelo aparecí en el valle existente entre las cadenas de sierras ubicadas al Norte y Sur respectivamente de la localidad de San Carlos, distante desde allí unos quince kilómetros.

Procedía a efectuar un más exhaustivo control de mi avión, cuando se produjo la detención del motor derecho. Casi simultáneamente los comandos de vuelo se aflojaron y no hubo más respuesta a mis acciones; comenzando el avión a adoptar una actitud de unos cuarenta grados de cabreo4 y unos treinta grados de inclinación a la izquierda, en la clásica posición previa al tirabuzón 5

A partir de allí mi permanencia en el avión debe haber durado unos cinco o seis segundos, tiempo que emplee en colocar el motor operativo en bandera 6, empujar con el pie derecho el timón7 correspondiente y actuar el compensador 8 eléctrico de profundidad hacia adelante. Estas acciones en conjunto tuvieron como resultado hacer bajar la nariz del avión hacia el horizonte.

Conseguido mi propósito accioné la manija inferior de eyección 9 con la mano izquierda iniciando mi abandono del avión lejos de casa y con enemigos cerca.

De inmediato sentí el efecto de la fuerza que ejercían sobre mí los cartuchos iniciadores y el impacto del aire en la cara. Observé la negra abertura de la cabina del avión que acababa de abandonar y que se perdió debajo de mí. Vi los trozos de plexiglás de la cabina, los que me acompañaron largo tiempo flotando cerca. Sentí la explosión que se produce al separarse el asiento y tuve la sensación de flotar en el aire cuando pendía del paracaídas.

El suelo iba acercándose rápidamente, porque la eyección la efectué muy bajo, a unos cien metros de altura.

Una vez en el suelo separé el equipo de supervivencia que permanecía cerrado y con la mayor prontitud procedí a ocultarme en una zanja que se encontraba a unos cincuenta metros de distancia. Allí permanecí observando hacia el lugar por donde unos diez minutos después aparecerían tres de los hombres que me habían derribado y que se recortaban nítidamente en la cima de la sierra, a unos mil metros de distancia. Por espacio de algunos minutos observaron en mi dirección o más propiamente hacia donde ardía mi avión y explotaban combustible y municiones. Cuando se retiraron sin haber logrado verme o tal vez convencidos de mi muerte en el avión, comencé a estudiar la situación en que me encontraba y cuál iba a ser el camino a seguir para poder regresar a casa

Recién en ese momento tomé conciencia de un sonido que había estado escuchando desde que tomé tierra. Eran los zumbidos de dos tipos distintos de helicópteros y se escuchaban hacia el Oeste de mi posición pero en constante acercamiento, es decir en vuelo de ida y vuelta desde el Estrecho de San Carlos hacia las cimas de las montañas que me cerraban el paso hacia Pradera del Ganso4 -Cabreo: Proa o nariz hacia arriba.

5 -Tirabuzón; Enroscamiento del avión.

6 -Bandera: Ofreciendo la menor resistencia con las palas de la henee.

7 -Timón; Pedal que acciona la superficie vertical que se encuentra en la coladel avión y comanda los movimientos horizontales.

8 -Compensador; Superficie pequeña que facilita el dominio del avión porparte del piloto.

9 -Eyección; Es la salida rápida pero progresiva del habitáculo del avión porparte del piloto, abriéndose luego el paracaidas, una vez que dos globosse inflan y lo separan del asiento al mismo.

Esto sirvió para apurar mi decisión, pues descarté la posibilidad de dirigirme a Puerto Argentino, no porque no confiara en recorrer los ochenta kilómetros que me separaban de él, sino porque demoraría demasiado en llegar.

La información que ya poseía sobre cuáles eran las posiciones que estaba ocupando el enemigo, servirían no solo para evitar futuros derribos, sino también para adoptar decisiones respecto a cómo neutralizar esta actividad enemiga en la Isla.

Decidí entonces cruzar la cadena de sierras por la parte más baja que visualizaba cerca y para lo cual debía desplazarme hacia el Oeste y lo más rápidamente posible a efectos de atravesarlas, mientras aún no fueran ocupados los cerros que la rodeaban.

En momentos de llegar al pie de las serranías cruzaron desde el Sur, dos Pucará que estimé, serían el "Tigre" 3 y 4, quienes según lo planificado debían despegar más tarde para efectuar otra misión.

Pasando por encima mío se alejaron rumbo al Este parar egresar más tarde aproximadamente a la media hora. Luego de efectuar algunos virajes en mis cercanías sin verme, se alejaron hacia el Sur, felizmente sin ser alcanzados por los cientos de disparos que con armas automáticas livianas les fueron efectuados desde los cerros cercanos y que no fueron advertidos por los pilotos al no haberse utilizado munición trazante.

Las sierras en ese punto son bajas —altura máxima 350 metros— completamente desprovistas de vegetación, salvo el césped adherido a la turba,10 con enormes trozos de roca desprendidos de la montaña y formando verdaderos ríos de piedras que descienden de la cima hacia el valle, como si quisieran recordar tal vez, que su origen fue volcánico.

Comencé la subida por el lugar elegido —200 metros—haciéndolo lentamente y tratando de confundirme con el terreno, para lo cual avanzaba lo más agachado posible. Si bien ese lugar era el más bajo, al no tener obstáculos que me ocultaran, me hacia visible desde una mayor distancia que los dos mil metros que me separaban de los enemigos más cercanos. Yo divisaba perfectamente y tenia la ventaja de verlos recortarse con nitidez en la cima.

Una vez arriba, con Darwin a la vista, tracé el itinerario que iba a seguir, eligiendo para ello los cañadones que me mantendrían fuera de la vista de los ingleses. También tuve, desde allí, a la vista dos fragatas en el Estrecho de San Carlos, una muy próxima a la costa y otra en el centro del canal. Pude visualizar y reconocer a los Sea King y a los Sea Linx que efectuaban los traslados constantes de personal y material, y cuyos vuelos pude inclusive contar. Al comenzar el descenso, el cambio de dirección en que soplaba el viento, me impidió seguir escuchándolos.

Siguiendo el itinerario prefijado pude alejarme de la zona, poco a poco, pues el terreno no me permitía un rápido desplazamiento, ya que la turba12 y el pasto forman cilindros de unos veinte centímetros de alto separados entre sí por otros tantos centímetros, corriendo el agua por entre ellos, a primera vista es un terreno verde, plano y sin problemas para caminar por él pero, a poco de recorrerlo, debe uno tomar precauciones para no lastimarse tobillos y piernas, debiéndose elegir entre caminar por la parte superior de dichos cilindros o bien hacerlo introduciendo los pies entre ellos, ambos con el consiguiente riesgo para las extremidades inferiores.

Al finalizar las estribaciones montañosas el terreno continuaba en forma de cuchillas o lomadas similares a las de nuestra Mesopotamia, pero no tan separadas entre sí una de la otra, conformando en general un suelo blando y anegadizo, difícil de transitar aún con vehículos con doble tracción, plagado de lagunas, ríos, arroyos y vertientes que me proporcionaron agua en abundancia.

En esta parte de mi travesía me sobrevolaron tres Mirage V, tres Harrier, dos veces un Chinook y finalmente un helicóptero Bell 212, todos sin verme. Este último aproximadamente a las17:30 horas pasó a unos doscientos metros en mi lateral por otro cañadón paralelo. Decidí tirar una bengala roja de tres estrellas que, más tarde, pude confirmar que había sido vista por el artillero, pero el piloto, al no poder confirmar de que se trataba de una señal o simplemente de un reflejo, continuó su vuelo y por ello, con pena, vi alejarse el medio que me habría ahorrado unos seis o siete kilómetros de caminata.

A esa hora se encontraba ya finalizando el crepúsculo y tenía apuro por el rodeo que debía efectuar para evitar el campo minado. Esto me retrasaría lo suficiente como para ingresar a terreno de propias fuerzas en horas de la noche, con el consiguiente riesgo de que algún centinela nervioso abriera fuego.

10 Turba: Formación de carbón de piedra combustible, tóxica si no tiene unsecado previo.

En esa elección del camino más corto y ante una falta de visión clara por la poca luz, me decidí por uno que bordeaba lo que en ese momento creí se trataba de una laguna. Más tarde descubriría que no era tal, sino una caleta con sus costas unidas en ese punto por un murallón de piedras con cemento a modo de dique, de un metro de ancho y aproximadamente tres metros de altura sobre el mar.

La costa opuesta se recortaba a unos doscientos metros y por lo que podía apreciar, el murallón llegaba a ella, de modo que comencé a cruzar pues si volvía atrás, tendría que recorrer unos cuatro kilómetros para llegar al mismo lugar.

Después de recorrer unos cien metros encontré que el paredón finalizaba, comenzando a partir de allí una pasarela de madera, consistente en cuatro vigas longitudinales con piso de tablas uniendo las dos centrales y barandas a ambos lados de éstas. Por lo que alcanzaba a visualizar, aparentemente llegaba a la otra costa. Si bien se la veía en bastante mal estado, (tanto que unos quince metros más adelante estaba rota y caída hacia el centro, obstruyendo el paso) decidí iniciar lo mismo la travesía. A ésta la efectuaría pisando el travesaño izquierdo, es decir por el lado de afuera y tomado de los restos de las barandas.

De esa manera recorrí unos cuarenta metros espantando unos patos negros que por docenas utilizaban la pasarela como dormidero. Entonces aprecié lo acertado de mi elección, al comprobar que lo que seguía, estaba aún en peores condiciones, pues las tablas del piso central desaparecían, como así también la baranda derecha.

En esas condiciones continué algunos metros más, hasta que desapareció la única baranda que quedaba. Para recorrer los últimos tres metros faltantes estaban en pie nada más que dos de los largueros longitudinales, uno de los cuales no llegaba al murallón, faltándole aproximadamente un metro, en tanto que el restante aparentemente estaba afirmado en ambos extremos.

Mirando nuevamente hacia atrás, es decir todo lo que tendría que recorrer si volvía y considerando que ya eran las 18:30 horas, tomé el casco de vuelo en una mano y el equipo de supervivencia en la otra y comencé a avanzar haciendo equilibrio sobre el único madero disponible, advirtiendo recién a mitad del mismo —merced a las oscilaciones que comenzó a tener— que su extremo estaba podrido y le faltaban unos diez centímetros para el borde.

Midiendo bien las distancias di un largo y rápido paso, tomando impulso para saltar hacia el murallón. Afortunadamente caí de pie y sin que los músculos de mis piernas, que sentía próximo a acalambrarse, se resintieran más de lo que ya estaban.

Mirando una vez más hacia atrás, recién pensé en lo que me hubiera sucedido si hubiese perdido pie y caído al mar, pues si bien tenía colocado el chaleco salvavidas y el bote del equipo de supervivencia en la mano, no poseía traje antiexposición y para llegar a la costa me habrían faltado unos cincuenta metros correspondientes al murallón donde ahora me encontraba. Pero como no era el momento de efectuar esas consideraciones y sin demorarme más, continué mi camino entrando al perímetro edificado de Darwin que se encontraba totalmente a oscuras.

Solamente se evidenciaban allí signos de vida por el sordo ruido que me llegó del grupo electrógeno funcionando, no obstante lo cual sabía positivamente que el administrador de la Falkland Islands Company en la zona y otras familias de nacionalidad inglesa vivían allí. Por la hora y la prohibición existente de circular de noche, debían encontrarse dentro de sus casas, lo que me hizo continuar camino sin recurrir a su ayuda.

Atravesé esa zona sin inconvenientes y tal vez porque me faltaba tan poco —un kilómetro más o menos— comencé a sentir el cansancio que tenía. Al pie de la última colina, antes de las posiciones del Regimiento 12 de Infantería me detuve. Tomé asiento al borde de la cuneta y comí tres caramelos que tuvieron el psicológico efecto de hacerme recuperar mis menguadas fuerzas para enfrentar el último esfuerzo.

Recordé que había efectuado tres paradas similares en todo el trayecto recorrido, con la intención de descansar quince minutos, como ahora. Una vez que mentalmente consideraba que había transcurrido ese espacio de tiempo y que ya había descansado lo suficiente, miraba el reloj y con asombro comprobaba que no habían pasado más de cinco minutos.

Llegué a esas primeras líneas alrededor de las 19:00 horas. Enfrenté la inquisitoria del centinela que me detuvo y ante la respuesta, muy larga en idioma castellano que recibió, se convenció al menos de que mi nacionalidad no era inglesa. Me puso en contacto con el Puesto de Comando de la Sección en donde pude realmente descansar, pues permanecí allí por espacio de unos cincuenta minutos y donde, con el abundante plato de sopa que me sirvieron, recibí los primeros alimentos calientes desde la cena del día anterior, pues ese día antes del despegue no había alcanzado a desayunar.

Allí me encontró el vehículo que fue a buscarme para trasladarme a la Base Cóndor, con el Oficial de Inteligencia y el Médico a bordo. Ellos me informaron del derribo y eyección del Mayor D. Juan Carlos Tomba, en combate con un Harrier, y que finalmente alrededor de las 17:30 horas había sido rescatado indemne por un helicóptero.

También me informaron que mi desaparición recién fue descubierta a las 17:00 horas, cuando los Pucará procedentes de la Base Cóndor aterrizaron en Puerto Argentino y sus pilotos preguntaron por mí sin encontrarme. Ellos me informaron también que se me habría ordenado dirigirme al aterrizaje en ese Aeródromo después de finalizar mi misión, orden que se me habría transmitido por VHF y que yo no recibí, pues tenía dificultades de recepción al encontrarme en vuelo tan bajo.

Al llegar al Puesto de Comando, salía de él el Mayor Tomba. Había finalizado su reunión posterior al vuelo y tras el abrazo correspondiente, con que ambos manifestamos nuestra alegría por el reencuentro, ingresé para brindar mis informes. Rápidamente y en mi presencia fueron radiados al Puesto de Comando de Puerto Argentino, para que —como correspondía— se dieran comienzo a las acciones terrestres tendientes a neutralizar la acción del enemigo e impedir que se siguieran ampliando sus dominios, dado que la cabeza de playa" ya había sido lograda.

Luego de las preguntas me dirigí al alojamiento; un inmenso edificio de madera con unas sesenta habitaciones, pertenecientes al Club Social de Ganso Verde, con cuyas autoridades el Jefe de Base había firmado un contrato de alquiler similar al convenido para el resto de edificios y vehículos qu e nosotros usábamos desde nuestro arribo a esa población.

Allí me esperaba la totalidad del Escuadrón Pucará para festejar el feliz retorno de ambos eyectados en combate. La celebración duró hasta la media noche y en ella se puso de manifiesto el elevado espíritu de equipo que anima el Grupo 3 de Ataque y que en esos momentos y en otros aún más difíciles, afloró con naturalidad.

Esa noche, ya en mi habitación y a pesar del cansancio y los dolores musculares, dediqué bastante tiempo a la oración, agradeciendo a Dios la nueva oportunidad que me brindaba para continuar luchando por mi Patria y recordando además a quienes, cuando me flaqueaba la voluntad, me alentaran a continuar mi camino, recordándome que me estaban esperando,

conformando la trilogía que me habían enseñado a defender: ¡Dios, Patria, Hogar! ".