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CAPITULO XXIV - EL "TORNO" EN ACCIÓN

Comodoro (R) Carballo Pablo Marcos

Compendio de “Dios y los Halcones” y “Halcones sobre Malvinas”,
del mismo autor

 CORDOBA, AGOSTO DE 2004

 CAPITULO XXIV - EL "TORO" EN ACCIÓN


El 21 de Mayo, numerosos buques ingleses fueron alcanzados por la Fuerza Aérea Argentina. Allí se llenaron de gloria los pilotos de Mirage V "Dagger", que registraron para la historia a las fragatas en sus filmadoras.

Relata: Capitán Dimeglio -Piloto de Mirage V "Dagger"

21 de Mayo de 1982.

Se inició la alerta (estar listos para salir en misión de combate) muy temprano esa mañana. El Escuadrón se reunió en la Sala de Pilotos, recibiendo la información meteorológica, las últimas recomendaciones y masticando nerviosismo. El estado de ánimo era bueno, pero la inactividad a que nos tenía obligado el mal tiempo en esos últimos días y el alejamiento de la flota de nuestro alcance, hacía que todos buscasen algo que hacer, para no pensar demasiado.

Llegó el buen tiempo y la primera misión de ese larguísimo y glorioso día, en que algunos de nosotros quedaron, pero ellos nos conocieron, ¡ y muy bien !.

Debíamos salir seis aviones, separados de a tres, para atacar cuatro buques ingleses que se encontraban en el Estrecho San Carlos, a la altura del puerto del mismo nombre.

La mañana era de mucho sol y poco viento en nuestra base de asiento, cosa no muy común en la Patagonia.

Trazamos la navegación, previendo llegar al rasante (vuelo cerca del agua), próximos a la "Isla Salvaje" y desde allí iniciamos en línea recta hacia las fragatas.

Nuestros aviones esperaban en la plataforma, con los cañones (ametralladoras pesadas) repletos de munición y pendiendo como racimos, los tanques de combustible y las bombas.

Los pilotos que no volaban, colaboraron con nosotros para ayudarnos a colocarnos el equipo, lo que es todo un ritual y lleva su tiempo; primero el "osito" de abrigo, luego el traje antiexposición, después el anti "G" (traje que se infla automáticamente y ayuda a soportar las tremendas aceleraciones que se aplican en el combate) a continuación los arneses y por último el chaleco salvavidas con el equipo de supervivencia, lo que en conjunto tiene considerable peso.

Tomamos la cartera de navegación, y ¡a no olvidarse el casco de vuelo y la máscara de oxígeno!

Un último abrazo a los que nos despiden y nos introducimos en la estrecha cabina, similar a la de un coche fórmula I.

Poco antes de las 10:00 horas, en que debíamos despegar, pusimos en marcha. El motor del Primer Teniente Senn no arrancó por lo que quedó de alerta para las misiones de la tarde y, cosas del destino, fue interceptado y derribado por un Harrier, salvando su vida, gracias a Dios.

Como numeral dos volaba el Teniente D. Carlos Julio Castillo, quién había sido mi alumno de vuelo y tenía muy poca experiencia en Mirage V, la que suplía con sus condiciones innatas, su valor y espíritu de combate.

Volábamos a la par, distanciados lo que la visibilidad lateral nos permitía ir buscando por todo el cielo a probables enemigos. Cruzamos ese interminable tramo de mar hostil y solitario; llegamos a las Islas y ajustamos nuestro rasante a la menor altura que podíamos. Ahora íbamos a tan sólo 30 metros entre avión y avión, a una velocidad cercana a la del sonido. Transcurridos unos minutos, llegamos a las cadenas de montes que limitan al oeste el estrecho San Carlos.

Luego de cruzarlo, perdimos la protección del acantilado, al caer abruptamente este hacia las aguas del estrecho.

En ese momento se presentó ante nuestros ojos un espectáculo imborrable: En las aguas había no menos de ocho buques ingleses.

Dios puso su mano, pues delante nuestro y a no mucha distancia se encontraba uno de ellos, que estaba de tres cuartos de popa (o sea desde un costado trasero). Esto significaba que por la distancia no tendrían tiempo de usar sus misiles y tampoco el cañón que llevaba en la proa, Recién entonces rompimos el silencio de radio y con fuertes gritos nos dimos ánimo para el ataque con palabras muy poco elegantes hacia los atacados.

Sin dudarlo, nos pegamos al agua y buscando velocidad, lográndose una sorpresa total.

Al estar a distancia de cañones (ametralladoras de baja cadencia y gran poder) hicimos fuego apuntando a la super estructura (parte superior) y antenas de radares que giraban perezosamente.

Se veía una estela de estrellas amarillas y rojas que pegaban en el blanco, y cuando llegaban a este se cruzaban formando una telaraña luminosa.

El tiempo que tardamos en llegar a la distancia del lanzamiento de las bombas me pareció interminable pero llegó, las lanzamos con su espoleta retardada, pasamos sobre las antenas y de inmediato, haciendo uso de toda la potencia de nuestros aviones, realizamos un viraje cerrado por nuestra derecha, buscando la Gran Malvina.

En ese momento mi avión comenzó a tener una pequeña vibración y al mirar el velocímetro me di cuenta que estaba volando al borde de la barrera del sonido.

Llamé ansiosamente por la radio y escuché con alegría que habíamos salido los dos sin problemas.

Cuando volvimos rasantes nos cruzamos con los otros tres, los "Perros", que volaban hacia el mismo blanco y le anticipamos lo que le esperaba, citándonos para festejar a su regreso.

Según la filmación que obtuvimos, se pudo determinar que el objetivo era un crucero del tipo "County", el cual recibió una gran cantidad de impactos de cañones y muy probablemente las bombas, cuya explosión no pudimos ver por las espoletas de retardo. (Estas espoletas permitían pasar a los aviones antes de que estallen las bombas, para que no sean destruidos por la onda expansiva de las mismas).

En tierra nos confundimos en un emocionado abrazo con el personal de mecánicos, técnicos, pilotos y demás integrantes de la base.

Luego, fuimos a colaborar con aquellos que salían en las misiones de la tarde, de ese 21 de Mayo.

El Teniente D. Carlos Julio Castillo, caería en una misión similar el día 24 de Mayo de 1982, al ser interceptada su escuadrilla por aviones Harriers, quienes con sus misiles de origen norteamericano, lo derribaron en las proximidades de la Isla Borbón.

Tenía 25 años de edad, era casado y su esposa esperaba un bebé que nació el 25 de Julio de 1982 y recibió el nombre de Claudio. Dios lo tenga junto a él y los Argentinos no olviden a éste, como tantos otros ejemplos de heroísmo.

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