El Hiena

Guerra de Malvinas Fuerza Aerea

BARRETO (Integrante de la R.O.A.)

"El Hiena"

A veces en grupos de dos de tres, los integrantes de la Red de Observadores del Aire, sobrevivieron al aire libre en ese rigurosísimo clima. Jamás se sabrá la cantidad de vidas que salvaron gracias a su oportuno aviso.

RELATA: Alférez BARRETO (Integrante de la R.O.A.)

Ya habían transcurrido tres semanas desde la recuperación de las Islas Malvinas y con el "GRINGO" (Alférez EGURZA), sentíamos una impotencia muy grande al no poder ir pero en la tarde del domingo 25 de abril, llegó ese bendito mensaje solicitando dos Oficiales para la R.O.A..Nos presentamos de voluntarios y allá fuimos.

Cuando las ruedas del Hércules chirriaron contra la pista de Puerto Argentino, lo miré a ERGUZA y le dije simplemente ¡Lo logramos!.

Mientras el helicóptero CHINOOK avanzaba hacia Darwin, asiento de la Base Aérea Militar "CONDOR", contemplábamos el hermoso paisaje de las Islas.

Luego de una calurosa bienvenida, nos incorporamos junto con los Alféreces SASSONE, VAZQUEZ y DAGHERO a la R.O.A.

Nosotros no veíamos la hora de estar en nuestros puestos.

Los lugares de observación eran cuatro y yo debí quedarme como enlace de ellos en el puesto de Comando, por ser el más moderno (el de menos antigüedad en el grado), el día 28 de abril.

El 1ª de Mayo, luego de los ataques, los muertos y los heridos, tomamos conciencia de lo que viviríamos en los días subsiguientes.

El 4 de mayo fui a revelar a otro Oficial, la posición quedaba en la montaña; colocamos la carpa junto a unas grandes piedras, para que nos protegieran del viento helado y de miradas indiscretas.

Junto conmigo había un Soldado, con el que estábamos alerta día y noche.

El frío se hacía sentir duramente, agravado por el constante viento. La lluvia y la nieve por las noches eran realmente insoportables, hasta tal punto que debíamos golpearnos las piernas con la culata del fusil para sacarnos el hielo.

Era imposible hacer fuego, no sólo para no delatar nuestra posición, sino que a raíz del fuerte viento, la carpa se había roto y el agua entraba por todos lados.

Cada día que pasaba hacía compenetrarnos más de la importancia de nuestra misión, en la cual, pese al rigor del clima, tuvimos grandes alegrías, ya que todas las entradas de los Harriers, eran avisadas a tiempo para cubrirse y preparar la defensa.

De vez en cuando veíamos a lo lejos algunas explosiones; un día explotó una fragata en la Bahía de Ruiz de Puente.

Por el cielo pasaban los Harriers "estelando".

Justo cuando nos quedamos sin baterías para el equipo de radio, atacaron los Harriers, y en nuestra desesperación por avisar, abrimos fuego con nuestros fusiles contra ellos. Vieron las trazantes desde Darwin y poco después nos dijeron:-¡Bajaron uno!. Habíamos justificado el que nos enviaran allí.

Poco a poco fue naciendo una gran amistad, propia de quienes se necesitan entre el soldado y yo.

Tras 21 días volvía a la Base, para soportar allí intensos cañoneos navales y ataques de comandos ingleses.

El puesto en donde yo había estado, fue atacado durante la noche y todos sentimos la impotencia de saber que no podíamos hacer nada por evitar las seguras muertes de mis camaradas.

Aprendimos a aprovechar todo lo que nos diera el terreno, que nos proveía de agua y alimentos.

Estaba junto a la radio cuando de pronto escuché una voz muy débil-"NIDO"-"HIENA"llama-¡Estaban vivos!.

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